26/1/12

(Foto: Kirtan en la India)



El valor de las Tradiciones

La palabra “tradición” por definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española significa: Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.


Literalmente se puede decir que es la enseñanza que se entrega de un grupo a otro, y que a menudo es como la historia pequeña, aquella que no se encuentra generalmente en los libros de texto, que los pueblos o gentes transmiten y conservan de padres a hijos y, que se nutre a través de su práctica y del sentimiento que encierra para las personas que las secundan, sin un cuestionamiento muchas veces del porqué se llevan a cabo e igualmente sin sensación de obligación.


Son el eslabón que nos une con algún aspecto de nuestros orígenes más íntimos, dependiendo de la tradición de que se trate, es decir, con nuestro pasado y el de nuestros antepasados que nos las legan.


Especialmente destacan las tradiciones populares, que conforman nuestra historia cultural o adoptamos por sentimiento e identificación y, por medio de las cuales nos identificamos con un grupo social determinado con el que se ha compartido y se comparte una experiencia o enseñanza traída por nuestros antecesores.


Estas de paso nos hacen sentir orgullosos al vincularnos a un lugar y a unas personas determinadas compartiendo y transmitiendo una enseñanza o experiencia.


Yo especialmente las considero como el abrigo que te aporta el calor de la integración a un entorno familiar, cultural, social, religioso, etc. que te da unidad y protección.


En general, las tradiciones dependiendo de qué campo se trate suelen estar muy arraigadas, aunque con los cambios sociales, económicos, culturales, etc. muchas de ellas corren el peligro de desaparecer, pero en gran parte son meritorias y encierran la sabiduría de un grupo humano por lo que son parte de nuestro patrimonio humano y personal.



16/1/12



EL YO REAL


Sentadas sobre las esterillas esperando al swami para comenzar el satsang, Cristina me preguntó que le pediría a un ángel si pasase por allí.


Yo rotundamente le contesté que LIBERTAD.


Ella con gesto de sorpresa agitó su cabeza con suavidad de un lado a otro y me respondió: JO, NO PIDES NADA ¿verdad?, entonces supe que se quedó perpleja en el fondo con esta contestación.


Y no llegué a esa respuesta por inquietud al superar los quince primeros días en el ashram, bajo la disciplina y la austeridad que conlleva practicar el sadhana y el sentirte un yogui en alma aparte de en cuerpo, ni tampoco por la asimilación veloz de la filosofía vedanta que reza en parte al desapego y la acción en la no-acción y en lleno a la no-dualidad, ni tantas otras emociones, sentimientos y hechos sentidos y arraigados en mi a través de esta experiencia, sin ella no hay aprendizaje.

Pues bien, cierto es que mi experiencia interna y misteriosa por el logro de libertad viene de mis primeros años de existencia o tal vez del bagage de mi alma con mis vidas pasadas, en sí creo que es parte de mi karma presente o tal vez incluso futuro, pero a un nivel más profundo y exacto, que va más allá del entendimiento vago y racional de una comida hecha a fuego rápido, sin consistencia ni verdadero sabor como puede considerarse la libertad en el plano físico.


En estos últimos meses he tenido y sigo teniendo inmensas y continuas experiencias internas, a veces traídas de agentes externos pero la mayoría nacidas de mi propio ser interior, el que confluye en uno con el todo, por el Universo o lo más absoluto Brahman, Dios o como cada cual lo quiera denominar.


A través de la meditación he alcanzado esa libertad absoluta, que transciende el cuerpo y la mente aunque en este estado no hay noción de tiempo alguno por tanto también al tiempo, y para ello como bien dice el budismo puedes llegar incluso lavando los platos, paseando, etc. En ese plano ya no existe la atadura al cuerpo con sus innumerables limitaciones y ni tampoco a la juguetona y engañosa mente que nos traiciona al menor descuido con su murmullo constante y atosigador.


Después de intentar a diario, a veces con más o menos éxito a controlarla y tenerla sujeta (mente), la libertad que busco la absoluta me transporta a un estado de supraconciencia, justo cuando soy una espectadora de ella y de la realidad ilusoria que me acerca, sin afectarme nada. A partir de ese hecho una paz indescriptible y una sensación de enamoramiento con todo me ofrece una nueva y desconocida perfección en mí, para fusionarme con lo más absoluto y aunque no he experimentado la kundalini, estoy convencida que debe ser idéntico, el logro de la unión con el todo, la energía absoluta, mi microcosmos con el macrocosmos partícula a partícula.


Una vez leí que la libertad no te la dan sino que tú la tomas, y es tan cierto como que la verdadera libertad y su acción liberadora reside en nuestro interior, ahora me viene a la mente el caso de Nelson Mandela, es un ejemplo conocido de cómo un ser humano privado de libertad física tantos años alcanzó día a día de su cautiverio la verdadera libertad y toda su acción liberadora, no hubo dicen los que le trataron en cautiverio tan solo un día en que su ser no se sintiese feliz y satisfecho, pese a sus circunstancias adversas. Son pocos los que después de años de encierro e incluso tras su liberación física no hubiesen mostrado actitudes hostiles y vengativas ante la vida, sus opresores, etc., en cambio, él supo tomar su libertad día a día y jamás dejó de sentir su liberación interna con la cual no perdió el brillo de su alma y el amor ni antes ni después.


Sin esta libertad absoluta y liberadora no se alcanza el amor supremo, el que transmuta todo lo negativo en positivo y el que te concede la dicha en esta existencia y todo lo inimaginable fuera de ella.


Con esto contesto a la pregunta de paso que me hizo recientemente mi amigo Héctor sobre que me hace feliz en el sentido literal de la palabra, a mí sin duda alguna alcanzar la libertad absoluta que te abre la puerta de la supraconciencia (transcender cuerpo y mente), el yo real.











13/1/12



DIVERSIDAD CULTURAL Y TOLERANCIA CONCEPTUAL

La diversidad cultural entraña un sinfín de aspectos a tener en cuenta, desde lo más íntimo como por ejemplo las creencias religiosas hasta lo más superfluo en apariencia, como puede ser la costumbre en la forma de saludarse las gentes dependiendo de su cultura.


Desde mi punto de vista esta diversidad es indiscutiblemente un interminable filón de oro para el enriquecimiento del ser humano en todos sus aspectos. No hay que olvidar que la cultura es el camino creado por grupos humanos para su expansión y desarrollo y, que bajo sus circunstancias en base geográficas y atmosféricas han manifestado su potencial de adaptación, desarrollo y creatividad en pro de su evolución y permanencia.


Partiendo de esta base, en la que todos o casi todos estamos anhelantes por conocer otros países, lugares, gentes y costumbres y todo su bagaje cultural presente y pasado, yo me pregunto cómo pequeños gestos o gestas nos pueden crear conflicto dependiendo del lugar donde se desarrollen.

Para que nos entendamos, voy a narrar una anécdota que me contó una persona que este verano estuvo en un ashram en la India, allí convivió con personas de muchas nacionalidades, europeos, asiáticos, hindúes y americanos, me narró con curiosidad como en una clase observó como un compañero francés se sacó un pañuelo y después de sonarse su nariz lo guardó cuidadosamente de nuevo en su bolsillo, algo muy común y normal en muchos lugares del mundo, pero en cambio todos los hindúes que se percataron quedaron estupefactos ante este compartimiento considerado sucio, lo mismo justamente que para los occidentales cuando uno de los hindúes se levantó y sacó su cabeza por una especie de ventana y se sonó la nariz con los dedos.



Para muchos lo higiénico y correcto para limpiar su nariz es el pañuelo de papel y guardarlo y, en cambio para otros es desprenderse de la mucosidad de la forma más natural y no llevar los restos de gérmenes a cuestas, algo también parecido como la costumbre en muchas culturas de escupir en el suelo, hecho que en otras es inconcebible e incluso tachable.


Esta pequeña anécdota que acabo de narrar puede ser aplicada a infinidad de costumbres (basadas culturalmente) que hace que un lugar del mundo sea más sorprendente o apetecible que otro, todo dependiendo de dónde venimos y a dónde vayamos. Es obvio que para un indígena del Amazonas un europeo en su ciudad le debe parecer de lo más apasionante simplemente por el factor diferencial de ser distinto y novedoso, partiendo desde el lugar donde habita hasta su aspecto, cultura y costumbres, y por ende para un occidental lo mismo.




Pero mi cuestión más profunda es hasta qué punto cada ser humano es capaz de tolerar y aceptar el abismo cultural que a veces nos separa unos de otros, yo abogo que es muy difícil siempre y cuando no se desarrolle en digamos metafóricamente una tierra fértil, esto ha sido ejemplo a lo largo de nuestra historia de afortunamente numerosas convivencias e incluso fusiones de diferentes culturas, pero en cambio en muchos otros casos un verdadero desastre.


Por otra parte, defiendo que si estamos fuera de juego o de nuestro lugar, tenemos la obligación moral de adaptarnos con toda nuestra capacidad de adaptabilidad a ese entorno cultural y humano que nos acoge como muestra de respeto y tolerancia con él, no por ello, sin mostrar, ofrecer y salvaguardar el propio en la medida que nos sea posible y aceptado.

13/12/11



TRABAJO TALLER FUENTETAJA


12-12-2011


Trabajo sobre el extrañamiento



Jugábamos en el cuarto de estar con las muñecas y nuestros cacharritos a las mamás cuando escuchamos llegar a nuestra madre, entonces salimos corriendo de la habitación y fuimos en su busca por el pasillo.

Al verla nos tiramos a sus piernas para abrazarla y ella se agachó para besarnos nuestras pequeñas cabezas, recuerdo que llevaba en su mano derecha una bolsa grande con cosas.


Nos mandó volver a la habitación para enseñarnos lo que me había comprado para comenzar mi primer día de colegio la semana siguiente, yo cuando me acordaba me ponía algo nerviosa porque era una niña muy introvertida y tímida y, no me apetecía mucho salir de mi casa para ir a un lugar con muchos niños a aprender cosas que mis padres con entusiasmo me contaban.


Pero como era aún muy pequeña, rápido volvía a la felicidad que me producía disfrutar del momento presente sin tiempo ni futuro, y mi primer día de colegio dejaba de nuevo de existir.


Al entrar en el cuarto de estar mamá se quitó la chaqueta y sacó primero de la bolsa una cartera pequeñita que dejó sobre la mesa, no recuerdo muy bien como era, creo que de mano, sé que tenía una cremallera que iba de lado a lado y que mi hermana rápido tiró de ella para abrirla, parecía que la que iba a ir al colegio era ella, estaba feliz y deseosa de yo comenzará el cole, decía entre risas que así podría ir a buscarme a la salida de clase.


Yo en cambio puse cara de mustia porque me enfrentaba a mi primera obligación y sentía que no iba nada con mis deseos, y así fue como la cosa se complicó cuando sobre la mesa luego aparecieron unos cuadernos de caligrafía, un libro con dibujos y letras, un cuaderno de colorear, una caja de pintura de colores y un estuche que mamá me abrió para mostrarme dentro unos lapiceros y una goma de borrar.


Aún recuerdo que me sentí enfadada y le pregunté a mi madre porque tenía que ir a ese sitio llamado colegio, y que yo quería quedarme con ella y mi hermana siempre jugando. No recuerdo lo que me contestó mi madre, porque me quedé con un pequeño grito que lanzó en voz alta al darse cuenta de que se le había olvidado comprarme el sacapuntas.


Yo pensé ¿el qué?…. qué nombre más raro tiene eso, seguro que es algo horrible y, a continuación se me vino a la cabeza el hombre del saco por el parecido con la palabra saca-puntas.


Le pregunté a mamá para que servía eso tan raro y ella me dijo vocalizando la palabra lentamente para que la repitiese, que para sacar y afinar la punta a los lapiceros y así poder aprender a escribir muy rápido. Yo entonces cogí uno de la mesa y lo miré muy de cerca para con fastidio de paso pincharme al tocar su afilado extremo.


Tras el pinchazo el colegio se me hizo como un lugar peligroso, con el lápiz y el misterioso sacapuntas incluido.


Mamá me dijo que iría al día siguiente a comprarlo porque estaba algo cansada para buscarlo ahora, tras escucharla yo en mi cabeza me imaginé como una especie de máquina pesada con forma de organillo o molinillo que al dar vueltas sacaría afiladísimas puntas y entonces le pregunté a mi madre con intriga:


¿Mamá y donde lo vamos a poner cuando lo traigas? .-Le pregunté preocupada.


Pues dentro de tu estuche junto con la goma y los lapiceros, como debe de ser .-Me contestó riéndose.


En ese instante sentí estar perdida, no entendía como algo tan peligroso podría entrar en un sitio tan pequeño, entonces me acordé de las agujas que también odiaba.


Menos mal que el trasto de mi hermana llamó mi atención, cuando decidió en un descuido comenzar a colorear mi cuaderno nuevo de caligrafía y mamá quiso que yo con cuidado lo guardase todo en la cartera hasta el día siguiente que compraríamos el sacapuntas.

Con la novedad de las cosas para el colegio esa noche tuve una pesadilla con afilados lapiceros que se convertían en gigantes inyecciones para mí, mientras un médico le decía a mi madre que no olvidase comprarme el sacapuntas para poder pincharme.


Al día siguiente desperté algo triste, aunque se me pasó rápido, menos cuando veía la cartera sobre una silla de mi habitación y me venían todos mis temores.


A media mañana mamá nos llevó a hacer la compra, el último recado fue pasar por la papelería para comprar mi sacapuntas, yo estaba nerviosilla y al entrar se me iban los ojos buscando qué sería, grande lo que se dice grande no vi nada que imaginase, así que me tranquilicé aunque en el fondo no estaba muy convencida con lo que me dijo mi madre, entonces muy atenta me acerqué al mostrador para escuchar pedir a mi madre el sacapuntas.

La señora de la tienda que pensé debía de ser adivina me miró a mis ojos y me preguntó:


¿De qué color te gustaría, rojo, amarillo o blanco? .- Yo me quedé asustada, porque no entendía muy bien de colores de sacapuntas.


Rojo, como la sangre .- Le contesté.


La señora dijo algo así como qué graciosa y ocurrente era la niña, en cambio mi madre se quedó como seria.


Por fin, se dio la media vuelta la señora para aparecer con aquél objeto con forma de cajita pequeña que acercó a mi mano, reconozco que para mí desilusión no era muy grande como imaginaba y como decía mamá si cabía en el estuche, pero tenía un agujero como un pequeño túnel que no me gustaba nada y arriba sobresalía una ranura abierta con una especie de pequeñito botón que es lo único que me pareció bonito.

Mamá lo tomó de mi mano y lo guardó en su bolsillo antes de pagar, para mí fue un alivio porque no me atrevía a tocarlo más de la cuenta, ella me acarició la cara y me dijo que en casa me enseñaría a utilizarlo. A mí no me apetecía nada porque el sacapuntas no me gustó.


Al llegar a casa me hice la remolona todo lo que pude, pero mamá no tardó en mandarme traer la cartera y como una aplicada alumna me ordenó sentar y sacar mi estuche de la cartera para abrirlo y coger un lápiz, lo tomé con cuidado y ella en un movimiento brusco le partió la punta con los dedos, yo me asusté un montón y le pregunté preocupada si se había hecho daño, me contestó que no, pero que no lo intentásemos hacer nosotras porque éramos aún muy pequeñas y nos podíamos herir, al escucharla sentí que tenía que cuidarme de un gran peligro.


Con cariño puso el sacapuntas entre mis dedos pulgar e índice de mi mano izquierda para que lo sujetase, con su mano derecha tomó el lápiz y lo metió bien al fondo del agujero, luego cogió mi mano y me pidió que lo sostuviese con cierta fuerza, ella colocó su mano sobre la mía y me dijo que me quedará quieta, comenzó a girarle como las agujas del reloj muy lento y yo sentí la fuerza del lápiz al arremeter dentro del sospechoso agujero.


Para mi sorpresa por encima del sacapuntas al girar el lápiz salía una forma graciosa que parecía un trocito de pétalo de flor como de papel duro que resultó ser la madera del lápiz al descubrir la mina, al verlo se me escapó una sonrisa y todos mis miedos se fueron.


Luego mamá buscó un lápiz viejo y nos dejó probar solas, yo estaba muy contenta y mi hermana igual que yo, desde entonces sé que llevo un sacapuntas en mi corazón.







































30/11/11


TRABAJO TALLER FUENTETAJA


28-11-2011


Desarrollo de dos desenlaces (sorpresivo y/o esperado)



Se mantenían escondidos y aislados en la cabaña de la montaña para casi ya dos meses, solo Aurelio subía una vez cada quince días a llevarles provisiones. Estaban en busca y captura por el atraco a un banco en Valencia, de todos sus atracos éste último fue el más grave, no por el robo de los 30.000 euros sino por la muerte de un vigilante jurado.


Huyeron en coche hasta Santander para resguardarse en el valle del Pas, en la cabaña de verano de los abuelos de Nica, viejos pasiegos que mantenían sus vacas con la ayuda de su hijo mayor Aurelio, tío de Nica.


Nica no tenía ningún antecedente penal ni tan siquiera era probable que se la relacionase con Borja o Tomás, por tanto era muy difícil que llegase la policía hasta ellos.

Los abuelos parecían ajenos o tal vez se querían mantener a distancia de la llegada insólita e impetuosa de los jóvenes, algos extraños y con pintas raras.


Nica siempre fue conflictiva desde su más temprana edad, tal vez por la orfandad de madre y el abandono del padre, se crió con los abuelos y el soltero de sus tíos, Aurelio, que era la persona más compasiva y amorosa con ella.

Aurelio sabía del tejemaneje que se traían entre manos, de todo lo que había detrás, y a toda costa buscaba que la solución llegase cuanto antes, temía por su sobrina pero la conocía tan bien que cualquier paso en falso de presión la haría huir de nuevo con ellos.


Prefería mantenerse cauto y tenerla cerca, sabía que estaba enamorada de Tomás, y este joven era de los dos muchachos el más vehemente y peligroso, no quería que arrastrase a Nica hasta el precipicio más absoluto.


Los abuelos se quejaban a Aurelio algunas noches, inquietos y sospechosos de que algo peligroso los mantenía allí retenidos, el hijo temeroso de que los viejos se preocupasen lo más mínimo, les tranquilizaba haciéndose él responsable de todo.


Por otra parte, los jóvenes comenzaban a mostrar impaciencia y discrepancias en pareceres. Nica comenzaba a sentirse agobiada entre las cuatro paredes y la montaña, ésta la traía recuerdos y sentimientos encontrados de prácticamente toda su vida, deseaba lanzarse lejos, huir tal vez a Francia. Borja también empezaba a pensar igual, jamás había estado en toda su vida tanto tiempo encerrado en una casa y el campo lo veía de pasada, echaba de menos la calle, el trapicheo, las drogas pese que tenían un buen arsenal de hachís para pasar varios meses fumando sin medida.

En cambio Tomás se sentía seguro allí y hasta cómodo, descubrió en tantas horas de ocio su maestría para tallar madera con sus navajas, luego aquella montaña le embargaba de libertad cuando se escapaba por ella a caminar largas horas tocando el cielo.

En ocasiones frente al fuego de la chimenea en las noches frías que comenzaban a vaticinar la llegada del invierno y las nieves, sugirió la idea de quedarse allí eternamente como si pretendiese que aquel lugar fuese su último destino o reducto de vida.


Nica y Borja no dejaban de quedarse boquiabiertos al escucharle, para luego partirse de risa pensando que estaba flipando del porro que se acababa de fumar.


Se preguntaban con ironía que mierda harían alli con 30.000 euros dentro de una cabaña de vacas.


Llegado el invierno una mañana temprano apareció Aurelio con un cargamento de comida y víveres, los jóvenes aún dormían placenteramente en la parte de arriba, se sentó en un taburete de madera y espero a que se despertasen mientras se liaba un par de cigarrillos.


El primero en bajar fue Borja, soñoliento y con cara de haber pasado mala noche, le saludó amigablemente como de colega a colega, Aurelio solo veía en él a un joven desgraciado que con el coraje que desprendía podía haber tenido una vida de mucho provecho.


Comenzaron a charlar de banalidades y el tiempo, mientras el joven preparaba unos cafés para desayunar, el olor despertó a Nica y Tomás que bajaron apresuradamente, el olor era revelador de la llegada del tío de Nica con el café y las provisiones.


Al verle ésta se tiró como siempre a sus brazos, él en esta ocasión se le empañaron los ojos de lagrimas, nadie se dio cuenta por fortuna.


Con disimulo como si nadie supiese de que se trataba soltó como de costumbre todos los periódicos publicados en los últimos quince días donde aparecían menciones sobre el atraco.


--Primer desenlace--


Aurelio les ponía de esta manera en aviso de que la cosa estaba en apariencia tranquila pero no olvidada, la policía seguía con sus pesquisas.


Se despidió a media mañana de todos ellos, tranquilo, como siempre, quedó en volver en un par de semanas, en esta ocasión abrazó a Nica más tiempo que de costumbre, ella lo notó.


A la hora de marchar llegó la Guardia Civil por sorpresa, todos fueron apresados y juzgados, menos Aurelio y los viejos abuelos que no fueron condenados.


--Segundo desenlace--


Les avisó de que la guardia civil andaba por la comarca haciendo preguntas, y que corrían peligro, que no sabía cómo ni porque pero intuía que andaban cerca de ellos, les aconsejó huir esa noche sin falta, y para ello les ofreció dos coches para la huida hasta la frontera en Francia, en uno iría él con Nica y en otros los dos muchachos, los jóvenes comprendieron y aceptaron el plan.


Quedaron de madrugada, al amanecer salieron de Cantabria y en la autopista Aurelio se encargó de quedar atrás del coche de los jóvenes, al rato de este detalle estos fueron interceptados en un control de la guardia civil.


Nica y Aurelio huyeron de nuevo a casa, todo era incompresible, no entendían nada, lo cierto era que Aurelio robó el coche exprofeso de los jóvenes para dar el aviso, de este modo él solo acompañó a su sobrina para alcanzar la libertad de vuelta.


22/11/11

TRABAJO TALLER FUENTETAJA


21-11-2011


3 artículos de prensa en un único extracto


MONEY


Llevamos tres meses de viajes continuos a Roma, yo sigo entusiasmada pero en cambio Lola está un poco harta de tener siempre las maletas ultimadas a cualquier momento. Los viajes de trabajo para mí en general han sido siempre agradables, y en este tiempo mucho más porque estoy disfrutando de los mejores hoteles, restaurantes, fiestas y tiendas de la capital italiana del brazo de Salvatore y tratando con la jet más codiciada de la sociedad europea.


Salvatore es un magnate o como se lo quiera llamar de una conocida compañía automovilística, aparte de otro sinfín de negocios que preside y que al caso poco me importa, solo sé, que me contrató a través de mi agencia y que ha sido mi mejor cliente hasta la fecha.


Un día me llamaron y me dijeron que había un ejecutivo italiano que quería contratarme y que me preparase para salir lo antes posible a Roma, avisé a Lola mi ayudante para que me organizase todo a la perfección, como a mí me gusta, soy muy exigente, y no quiero que jamás me falte lo imprescindible en mis maletas para sentirme segura y cómoda ante cualquier imprevisto. En mi trabajo nunca se sabe, puedes ser requerida a las tantas de la madrugada en una fiesta privada y entonces tienes que resultar todo un acierto, o por el contrario, aparecer en una cena de negocios, impecable y considerada hasta el punto de que nadie te tache de una puta.


Mi andadura en este mundillo no es larga pero digamos que si intensa, el perfil de mis clientes es de lo más curioso y a veces extravagante, pero en su esencia son todos idénticos, y es que son multimillonarios. Yo sigo dos protocolos, nunca entregarme afectivamente pase lo que pase, y ser una mujer camaleónica, y la verdad que no me ha ido nada mal hasta la fecha, aunque sé que lo que cuenta es que resultes especialmente elegante, culta y despampanante y, sobre todo que en la cama seas lo más placentera para tu cliente.


Sin ir más lejos hace dos noches estuve con Salvatore invitada a una cena privada de un famoso director de cine en su magnífico castillo en las afueras de la capital, entre los comensales asistieron ministros, conocidos empresarios, reputados jueces, y hasta un alto cargo del Vaticano, entre otros.


Durante la velada después de muchas copas y otras sustancias, la madrugada se animó hasta el punto que entre juegos y juegos acabamos haciendo intercambio de parejas, y mira tú por dónde con la Iglesia me topé, este personaje de cierta edad pero tremendamente divertido, ante el desagrado de Salvatore que estaba algo reacio a compartirme, se subió sobre la mesa y dijo señalándome con su dedo índice:


EL VATICANO ANUNCIA QUE SERÁS MI PUTA, PARA TÚ SEGURIDAD (mirando con sutileza a Salvatore).


Sin quererlo me sonreí y susurré al oído a Salvatore que se lo tomase como una obra de caridad con la Iglesia.


Como siempre me entregué de lleno en mi labor, aunque mantuve la suficiente delicadeza para que Salvatore no se sintiese ofendido, mientras éste disfrutaba de una joven mulata que era espectacular.


Al llegar los primeros rayos de luz Salvatore y yo marchamos a Roma, al despedirme del personaje eclesiástico deslizó una nota en mi mano con gran encanto.


Al subir al coche Salvatore mandó al chófer elevar el cristal de separación para nuestra intimidad, antes de llegar a Roma tuvo dos orgasmos y en esta ocasión yo también, incluso disfruté.


Al mediodía desperté en mi hotel, estaba libre hasta el día siguiente que marchaba con Salvatore en un vuelo privado a Sicilia, decidí almorzar en mi habitación y luego ir de compras, avisé al chófer para que estuviese listo a eso de las cuatro de la tarde, mientras me preparaba hablé con Lola para que me diese el parte en general de mis cosas, desde gestiones bancarias, de trabajo, futuras citas, etc.


En ese momento recordé la nota, la saqué del bolso y encontré un número de teléfono y una maravillosa cifra. Di traslado a Lola para su archivo en pendiente.


En mi profesión todo se sopesa y con mucha mesura el dinero por exclusividad y dedicación.


7/11/11

TRABAJO TALLER FUENTETAJA

(07-11-2011)



APERTURAS:


Paradoja: Quién es ella...


Exageración: Imaginar más/menos allá de lo que ves...


Diálogo: Preguntar e indagar en ella...


Misterio: Seducción despierta por descubrir.



PARADOJA
Gritaba que estaba harto y amenazaba que quería ser libre, que un día no muy lejano se marcharía para recorrer el mundo sin dinero ni reloj. Así se pasó con la misma retahíla los días, semanas, meses y años, mientras sentado en su cómodo sillón de su carísimo salón ojeaba su revista preferida el “Coleccionista de Relojes”.

EXAGERACIÓN
En esta casa jamás nadie aceptaba ser invitado, aunque nada más entrar y pisar su pegajoso suelo difícilmente podías ya escapar. Los ácaros pululaban por todas partes y se hacían por su tamaño visibles como en una película 3D, n
i siquiera la luz conseguía penetrar por las costras de roña que habían en los cristales.
Las palabras brillo y brillante estaban ausentes en el diccionario del salón y no por error de página ni de imprenta.
A cualquier lugar que dirigieses tu mirada encontrabas omnipotentes restos de sustancias de todos los tamaños, formas, texturas, colores como si estuvieses descubriendo señales rupestres.
En su mugrienta cocina el encender una llama activaba las posibilidades del 70% de explosión, por la fétida conjugación de basura reconcentrada y de fornidas capas de grasa chorreantes.
Los baños parecían un lugar de tortura con restos de uñas y pelos como para hacer pelucas, la bañera y el lavabo llevaban marcas como los embalses por el agua estancada. Del retrete no cabe mención alguna, tan solo que prefiero pasar antes por un fenómeno de rescate Poltergeist.
En esta casa no hay aroma alguno y mucho menos de un simple hogar.

DIÁLOGO
Jacinta, Jacintaaaa, que se te está quemando las lentejas…vaya vieja sorda ésta mujer. –Gritaba Remedios por la ventana.
Ya vá, tanto gritar ¿qué pasa ahora?… -dijo Jacinta por su ventana.
Pues tú dirás, casi ná...que se te está quemando la olla. -Le respondió con sorna Remedios.
Pero que olla o niño muerto sino no tengo ná en la lumbre. -Contestó Jacinta mientras se remangaba el jersey.
Concholis, ¿entonces de donde viene ese olor a lentejas pegá? -Le preguntó a la Jacinta.
Pues yo no huelo ná y además anda y qué cojones sé… pues mira tú ésta ahora con lo que me viene, con todo lo que tengo que hacer. -Respondió Jacinta malhumorada mientras cerraba su ventana.
Ay, hija qué mal fario tienes, pues te vas a enterar pá la próxima. –Respondió Remedios despechada sin dejar de olfatear como un ratón.

COMIENZO MISTERIOSO
El anticuario la invitó a bajar al sótano donde rebuscando podría encontrar tal vez lo que buscaba. Al descender los últimos peldaños se sintió invadida por un escalofrío, aquél lugar era inmenso y abarcaba toda la planta superior del edificio, la búsqueda le llevaría días o incluso semanas, todo estaba revuelto y desordenado.
Se acercó a una cómoda antigua que estaba a unos centímetros de ella para por un instante apoyarse, el anticuario le preguntó si se encontraba mal, ella con una forzada sonrisa dijo que no.
Sabía que tenía que estar allí, pero su agotada mente no daba para más con las claves de la nota.