13/1/12



DIVERSIDAD CULTURAL Y TOLERANCIA CONCEPTUAL

La diversidad cultural entraña un sinfín de aspectos a tener en cuenta, desde lo más íntimo como por ejemplo las creencias religiosas hasta lo más superfluo en apariencia, como puede ser la costumbre en la forma de saludarse las gentes dependiendo de su cultura.


Desde mi punto de vista esta diversidad es indiscutiblemente un interminable filón de oro para el enriquecimiento del ser humano en todos sus aspectos. No hay que olvidar que la cultura es el camino creado por grupos humanos para su expansión y desarrollo y, que bajo sus circunstancias en base geográficas y atmosféricas han manifestado su potencial de adaptación, desarrollo y creatividad en pro de su evolución y permanencia.


Partiendo de esta base, en la que todos o casi todos estamos anhelantes por conocer otros países, lugares, gentes y costumbres y todo su bagaje cultural presente y pasado, yo me pregunto cómo pequeños gestos o gestas nos pueden crear conflicto dependiendo del lugar donde se desarrollen.

Para que nos entendamos, voy a narrar una anécdota que me contó una persona que este verano estuvo en un ashram en la India, allí convivió con personas de muchas nacionalidades, europeos, asiáticos, hindúes y americanos, me narró con curiosidad como en una clase observó como un compañero francés se sacó un pañuelo y después de sonarse su nariz lo guardó cuidadosamente de nuevo en su bolsillo, algo muy común y normal en muchos lugares del mundo, pero en cambio todos los hindúes que se percataron quedaron estupefactos ante este compartimiento considerado sucio, lo mismo justamente que para los occidentales cuando uno de los hindúes se levantó y sacó su cabeza por una especie de ventana y se sonó la nariz con los dedos.



Para muchos lo higiénico y correcto para limpiar su nariz es el pañuelo de papel y guardarlo y, en cambio para otros es desprenderse de la mucosidad de la forma más natural y no llevar los restos de gérmenes a cuestas, algo también parecido como la costumbre en muchas culturas de escupir en el suelo, hecho que en otras es inconcebible e incluso tachable.


Esta pequeña anécdota que acabo de narrar puede ser aplicada a infinidad de costumbres (basadas culturalmente) que hace que un lugar del mundo sea más sorprendente o apetecible que otro, todo dependiendo de dónde venimos y a dónde vayamos. Es obvio que para un indígena del Amazonas un europeo en su ciudad le debe parecer de lo más apasionante simplemente por el factor diferencial de ser distinto y novedoso, partiendo desde el lugar donde habita hasta su aspecto, cultura y costumbres, y por ende para un occidental lo mismo.




Pero mi cuestión más profunda es hasta qué punto cada ser humano es capaz de tolerar y aceptar el abismo cultural que a veces nos separa unos de otros, yo abogo que es muy difícil siempre y cuando no se desarrolle en digamos metafóricamente una tierra fértil, esto ha sido ejemplo a lo largo de nuestra historia de afortunamente numerosas convivencias e incluso fusiones de diferentes culturas, pero en cambio en muchos otros casos un verdadero desastre.


Por otra parte, defiendo que si estamos fuera de juego o de nuestro lugar, tenemos la obligación moral de adaptarnos con toda nuestra capacidad de adaptabilidad a ese entorno cultural y humano que nos acoge como muestra de respeto y tolerancia con él, no por ello, sin mostrar, ofrecer y salvaguardar el propio en la medida que nos sea posible y aceptado.

13/12/11



TRABAJO TALLER FUENTETAJA


12-12-2011


Trabajo sobre el extrañamiento



Jugábamos en el cuarto de estar con las muñecas y nuestros cacharritos a las mamás cuando escuchamos llegar a nuestra madre, entonces salimos corriendo de la habitación y fuimos en su busca por el pasillo.

Al verla nos tiramos a sus piernas para abrazarla y ella se agachó para besarnos nuestras pequeñas cabezas, recuerdo que llevaba en su mano derecha una bolsa grande con cosas.


Nos mandó volver a la habitación para enseñarnos lo que me había comprado para comenzar mi primer día de colegio la semana siguiente, yo cuando me acordaba me ponía algo nerviosa porque era una niña muy introvertida y tímida y, no me apetecía mucho salir de mi casa para ir a un lugar con muchos niños a aprender cosas que mis padres con entusiasmo me contaban.


Pero como era aún muy pequeña, rápido volvía a la felicidad que me producía disfrutar del momento presente sin tiempo ni futuro, y mi primer día de colegio dejaba de nuevo de existir.


Al entrar en el cuarto de estar mamá se quitó la chaqueta y sacó primero de la bolsa una cartera pequeñita que dejó sobre la mesa, no recuerdo muy bien como era, creo que de mano, sé que tenía una cremallera que iba de lado a lado y que mi hermana rápido tiró de ella para abrirla, parecía que la que iba a ir al colegio era ella, estaba feliz y deseosa de yo comenzará el cole, decía entre risas que así podría ir a buscarme a la salida de clase.


Yo en cambio puse cara de mustia porque me enfrentaba a mi primera obligación y sentía que no iba nada con mis deseos, y así fue como la cosa se complicó cuando sobre la mesa luego aparecieron unos cuadernos de caligrafía, un libro con dibujos y letras, un cuaderno de colorear, una caja de pintura de colores y un estuche que mamá me abrió para mostrarme dentro unos lapiceros y una goma de borrar.


Aún recuerdo que me sentí enfadada y le pregunté a mi madre porque tenía que ir a ese sitio llamado colegio, y que yo quería quedarme con ella y mi hermana siempre jugando. No recuerdo lo que me contestó mi madre, porque me quedé con un pequeño grito que lanzó en voz alta al darse cuenta de que se le había olvidado comprarme el sacapuntas.


Yo pensé ¿el qué?…. qué nombre más raro tiene eso, seguro que es algo horrible y, a continuación se me vino a la cabeza el hombre del saco por el parecido con la palabra saca-puntas.


Le pregunté a mamá para que servía eso tan raro y ella me dijo vocalizando la palabra lentamente para que la repitiese, que para sacar y afinar la punta a los lapiceros y así poder aprender a escribir muy rápido. Yo entonces cogí uno de la mesa y lo miré muy de cerca para con fastidio de paso pincharme al tocar su afilado extremo.


Tras el pinchazo el colegio se me hizo como un lugar peligroso, con el lápiz y el misterioso sacapuntas incluido.


Mamá me dijo que iría al día siguiente a comprarlo porque estaba algo cansada para buscarlo ahora, tras escucharla yo en mi cabeza me imaginé como una especie de máquina pesada con forma de organillo o molinillo que al dar vueltas sacaría afiladísimas puntas y entonces le pregunté a mi madre con intriga:


¿Mamá y donde lo vamos a poner cuando lo traigas? .-Le pregunté preocupada.


Pues dentro de tu estuche junto con la goma y los lapiceros, como debe de ser .-Me contestó riéndose.


En ese instante sentí estar perdida, no entendía como algo tan peligroso podría entrar en un sitio tan pequeño, entonces me acordé de las agujas que también odiaba.


Menos mal que el trasto de mi hermana llamó mi atención, cuando decidió en un descuido comenzar a colorear mi cuaderno nuevo de caligrafía y mamá quiso que yo con cuidado lo guardase todo en la cartera hasta el día siguiente que compraríamos el sacapuntas.

Con la novedad de las cosas para el colegio esa noche tuve una pesadilla con afilados lapiceros que se convertían en gigantes inyecciones para mí, mientras un médico le decía a mi madre que no olvidase comprarme el sacapuntas para poder pincharme.


Al día siguiente desperté algo triste, aunque se me pasó rápido, menos cuando veía la cartera sobre una silla de mi habitación y me venían todos mis temores.


A media mañana mamá nos llevó a hacer la compra, el último recado fue pasar por la papelería para comprar mi sacapuntas, yo estaba nerviosilla y al entrar se me iban los ojos buscando qué sería, grande lo que se dice grande no vi nada que imaginase, así que me tranquilicé aunque en el fondo no estaba muy convencida con lo que me dijo mi madre, entonces muy atenta me acerqué al mostrador para escuchar pedir a mi madre el sacapuntas.

La señora de la tienda que pensé debía de ser adivina me miró a mis ojos y me preguntó:


¿De qué color te gustaría, rojo, amarillo o blanco? .- Yo me quedé asustada, porque no entendía muy bien de colores de sacapuntas.


Rojo, como la sangre .- Le contesté.


La señora dijo algo así como qué graciosa y ocurrente era la niña, en cambio mi madre se quedó como seria.


Por fin, se dio la media vuelta la señora para aparecer con aquél objeto con forma de cajita pequeña que acercó a mi mano, reconozco que para mí desilusión no era muy grande como imaginaba y como decía mamá si cabía en el estuche, pero tenía un agujero como un pequeño túnel que no me gustaba nada y arriba sobresalía una ranura abierta con una especie de pequeñito botón que es lo único que me pareció bonito.

Mamá lo tomó de mi mano y lo guardó en su bolsillo antes de pagar, para mí fue un alivio porque no me atrevía a tocarlo más de la cuenta, ella me acarició la cara y me dijo que en casa me enseñaría a utilizarlo. A mí no me apetecía nada porque el sacapuntas no me gustó.


Al llegar a casa me hice la remolona todo lo que pude, pero mamá no tardó en mandarme traer la cartera y como una aplicada alumna me ordenó sentar y sacar mi estuche de la cartera para abrirlo y coger un lápiz, lo tomé con cuidado y ella en un movimiento brusco le partió la punta con los dedos, yo me asusté un montón y le pregunté preocupada si se había hecho daño, me contestó que no, pero que no lo intentásemos hacer nosotras porque éramos aún muy pequeñas y nos podíamos herir, al escucharla sentí que tenía que cuidarme de un gran peligro.


Con cariño puso el sacapuntas entre mis dedos pulgar e índice de mi mano izquierda para que lo sujetase, con su mano derecha tomó el lápiz y lo metió bien al fondo del agujero, luego cogió mi mano y me pidió que lo sostuviese con cierta fuerza, ella colocó su mano sobre la mía y me dijo que me quedará quieta, comenzó a girarle como las agujas del reloj muy lento y yo sentí la fuerza del lápiz al arremeter dentro del sospechoso agujero.


Para mi sorpresa por encima del sacapuntas al girar el lápiz salía una forma graciosa que parecía un trocito de pétalo de flor como de papel duro que resultó ser la madera del lápiz al descubrir la mina, al verlo se me escapó una sonrisa y todos mis miedos se fueron.


Luego mamá buscó un lápiz viejo y nos dejó probar solas, yo estaba muy contenta y mi hermana igual que yo, desde entonces sé que llevo un sacapuntas en mi corazón.







































30/11/11


TRABAJO TALLER FUENTETAJA


28-11-2011


Desarrollo de dos desenlaces (sorpresivo y/o esperado)



Se mantenían escondidos y aislados en la cabaña de la montaña para casi ya dos meses, solo Aurelio subía una vez cada quince días a llevarles provisiones. Estaban en busca y captura por el atraco a un banco en Valencia, de todos sus atracos éste último fue el más grave, no por el robo de los 30.000 euros sino por la muerte de un vigilante jurado.


Huyeron en coche hasta Santander para resguardarse en el valle del Pas, en la cabaña de verano de los abuelos de Nica, viejos pasiegos que mantenían sus vacas con la ayuda de su hijo mayor Aurelio, tío de Nica.


Nica no tenía ningún antecedente penal ni tan siquiera era probable que se la relacionase con Borja o Tomás, por tanto era muy difícil que llegase la policía hasta ellos.

Los abuelos parecían ajenos o tal vez se querían mantener a distancia de la llegada insólita e impetuosa de los jóvenes, algos extraños y con pintas raras.


Nica siempre fue conflictiva desde su más temprana edad, tal vez por la orfandad de madre y el abandono del padre, se crió con los abuelos y el soltero de sus tíos, Aurelio, que era la persona más compasiva y amorosa con ella.

Aurelio sabía del tejemaneje que se traían entre manos, de todo lo que había detrás, y a toda costa buscaba que la solución llegase cuanto antes, temía por su sobrina pero la conocía tan bien que cualquier paso en falso de presión la haría huir de nuevo con ellos.


Prefería mantenerse cauto y tenerla cerca, sabía que estaba enamorada de Tomás, y este joven era de los dos muchachos el más vehemente y peligroso, no quería que arrastrase a Nica hasta el precipicio más absoluto.


Los abuelos se quejaban a Aurelio algunas noches, inquietos y sospechosos de que algo peligroso los mantenía allí retenidos, el hijo temeroso de que los viejos se preocupasen lo más mínimo, les tranquilizaba haciéndose él responsable de todo.


Por otra parte, los jóvenes comenzaban a mostrar impaciencia y discrepancias en pareceres. Nica comenzaba a sentirse agobiada entre las cuatro paredes y la montaña, ésta la traía recuerdos y sentimientos encontrados de prácticamente toda su vida, deseaba lanzarse lejos, huir tal vez a Francia. Borja también empezaba a pensar igual, jamás había estado en toda su vida tanto tiempo encerrado en una casa y el campo lo veía de pasada, echaba de menos la calle, el trapicheo, las drogas pese que tenían un buen arsenal de hachís para pasar varios meses fumando sin medida.

En cambio Tomás se sentía seguro allí y hasta cómodo, descubrió en tantas horas de ocio su maestría para tallar madera con sus navajas, luego aquella montaña le embargaba de libertad cuando se escapaba por ella a caminar largas horas tocando el cielo.

En ocasiones frente al fuego de la chimenea en las noches frías que comenzaban a vaticinar la llegada del invierno y las nieves, sugirió la idea de quedarse allí eternamente como si pretendiese que aquel lugar fuese su último destino o reducto de vida.


Nica y Borja no dejaban de quedarse boquiabiertos al escucharle, para luego partirse de risa pensando que estaba flipando del porro que se acababa de fumar.


Se preguntaban con ironía que mierda harían alli con 30.000 euros dentro de una cabaña de vacas.


Llegado el invierno una mañana temprano apareció Aurelio con un cargamento de comida y víveres, los jóvenes aún dormían placenteramente en la parte de arriba, se sentó en un taburete de madera y espero a que se despertasen mientras se liaba un par de cigarrillos.


El primero en bajar fue Borja, soñoliento y con cara de haber pasado mala noche, le saludó amigablemente como de colega a colega, Aurelio solo veía en él a un joven desgraciado que con el coraje que desprendía podía haber tenido una vida de mucho provecho.


Comenzaron a charlar de banalidades y el tiempo, mientras el joven preparaba unos cafés para desayunar, el olor despertó a Nica y Tomás que bajaron apresuradamente, el olor era revelador de la llegada del tío de Nica con el café y las provisiones.


Al verle ésta se tiró como siempre a sus brazos, él en esta ocasión se le empañaron los ojos de lagrimas, nadie se dio cuenta por fortuna.


Con disimulo como si nadie supiese de que se trataba soltó como de costumbre todos los periódicos publicados en los últimos quince días donde aparecían menciones sobre el atraco.


--Primer desenlace--


Aurelio les ponía de esta manera en aviso de que la cosa estaba en apariencia tranquila pero no olvidada, la policía seguía con sus pesquisas.


Se despidió a media mañana de todos ellos, tranquilo, como siempre, quedó en volver en un par de semanas, en esta ocasión abrazó a Nica más tiempo que de costumbre, ella lo notó.


A la hora de marchar llegó la Guardia Civil por sorpresa, todos fueron apresados y juzgados, menos Aurelio y los viejos abuelos que no fueron condenados.


--Segundo desenlace--


Les avisó de que la guardia civil andaba por la comarca haciendo preguntas, y que corrían peligro, que no sabía cómo ni porque pero intuía que andaban cerca de ellos, les aconsejó huir esa noche sin falta, y para ello les ofreció dos coches para la huida hasta la frontera en Francia, en uno iría él con Nica y en otros los dos muchachos, los jóvenes comprendieron y aceptaron el plan.


Quedaron de madrugada, al amanecer salieron de Cantabria y en la autopista Aurelio se encargó de quedar atrás del coche de los jóvenes, al rato de este detalle estos fueron interceptados en un control de la guardia civil.


Nica y Aurelio huyeron de nuevo a casa, todo era incompresible, no entendían nada, lo cierto era que Aurelio robó el coche exprofeso de los jóvenes para dar el aviso, de este modo él solo acompañó a su sobrina para alcanzar la libertad de vuelta.


22/11/11

TRABAJO TALLER FUENTETAJA


21-11-2011


3 artículos de prensa en un único extracto


MONEY


Llevamos tres meses de viajes continuos a Roma, yo sigo entusiasmada pero en cambio Lola está un poco harta de tener siempre las maletas ultimadas a cualquier momento. Los viajes de trabajo para mí en general han sido siempre agradables, y en este tiempo mucho más porque estoy disfrutando de los mejores hoteles, restaurantes, fiestas y tiendas de la capital italiana del brazo de Salvatore y tratando con la jet más codiciada de la sociedad europea.


Salvatore es un magnate o como se lo quiera llamar de una conocida compañía automovilística, aparte de otro sinfín de negocios que preside y que al caso poco me importa, solo sé, que me contrató a través de mi agencia y que ha sido mi mejor cliente hasta la fecha.


Un día me llamaron y me dijeron que había un ejecutivo italiano que quería contratarme y que me preparase para salir lo antes posible a Roma, avisé a Lola mi ayudante para que me organizase todo a la perfección, como a mí me gusta, soy muy exigente, y no quiero que jamás me falte lo imprescindible en mis maletas para sentirme segura y cómoda ante cualquier imprevisto. En mi trabajo nunca se sabe, puedes ser requerida a las tantas de la madrugada en una fiesta privada y entonces tienes que resultar todo un acierto, o por el contrario, aparecer en una cena de negocios, impecable y considerada hasta el punto de que nadie te tache de una puta.


Mi andadura en este mundillo no es larga pero digamos que si intensa, el perfil de mis clientes es de lo más curioso y a veces extravagante, pero en su esencia son todos idénticos, y es que son multimillonarios. Yo sigo dos protocolos, nunca entregarme afectivamente pase lo que pase, y ser una mujer camaleónica, y la verdad que no me ha ido nada mal hasta la fecha, aunque sé que lo que cuenta es que resultes especialmente elegante, culta y despampanante y, sobre todo que en la cama seas lo más placentera para tu cliente.


Sin ir más lejos hace dos noches estuve con Salvatore invitada a una cena privada de un famoso director de cine en su magnífico castillo en las afueras de la capital, entre los comensales asistieron ministros, conocidos empresarios, reputados jueces, y hasta un alto cargo del Vaticano, entre otros.


Durante la velada después de muchas copas y otras sustancias, la madrugada se animó hasta el punto que entre juegos y juegos acabamos haciendo intercambio de parejas, y mira tú por dónde con la Iglesia me topé, este personaje de cierta edad pero tremendamente divertido, ante el desagrado de Salvatore que estaba algo reacio a compartirme, se subió sobre la mesa y dijo señalándome con su dedo índice:


EL VATICANO ANUNCIA QUE SERÁS MI PUTA, PARA TÚ SEGURIDAD (mirando con sutileza a Salvatore).


Sin quererlo me sonreí y susurré al oído a Salvatore que se lo tomase como una obra de caridad con la Iglesia.


Como siempre me entregué de lleno en mi labor, aunque mantuve la suficiente delicadeza para que Salvatore no se sintiese ofendido, mientras éste disfrutaba de una joven mulata que era espectacular.


Al llegar los primeros rayos de luz Salvatore y yo marchamos a Roma, al despedirme del personaje eclesiástico deslizó una nota en mi mano con gran encanto.


Al subir al coche Salvatore mandó al chófer elevar el cristal de separación para nuestra intimidad, antes de llegar a Roma tuvo dos orgasmos y en esta ocasión yo también, incluso disfruté.


Al mediodía desperté en mi hotel, estaba libre hasta el día siguiente que marchaba con Salvatore en un vuelo privado a Sicilia, decidí almorzar en mi habitación y luego ir de compras, avisé al chófer para que estuviese listo a eso de las cuatro de la tarde, mientras me preparaba hablé con Lola para que me diese el parte en general de mis cosas, desde gestiones bancarias, de trabajo, futuras citas, etc.


En ese momento recordé la nota, la saqué del bolso y encontré un número de teléfono y una maravillosa cifra. Di traslado a Lola para su archivo en pendiente.


En mi profesión todo se sopesa y con mucha mesura el dinero por exclusividad y dedicación.


7/11/11

TRABAJO TALLER FUENTETAJA

(07-11-2011)



APERTURAS:


Paradoja: Quién es ella...


Exageración: Imaginar más/menos allá de lo que ves...


Diálogo: Preguntar e indagar en ella...


Misterio: Seducción despierta por descubrir.



PARADOJA
Gritaba que estaba harto y amenazaba que quería ser libre, que un día no muy lejano se marcharía para recorrer el mundo sin dinero ni reloj. Así se pasó con la misma retahíla los días, semanas, meses y años, mientras sentado en su cómodo sillón de su carísimo salón ojeaba su revista preferida el “Coleccionista de Relojes”.

EXAGERACIÓN
En esta casa jamás nadie aceptaba ser invitado, aunque nada más entrar y pisar su pegajoso suelo difícilmente podías ya escapar. Los ácaros pululaban por todas partes y se hacían por su tamaño visibles como en una película 3D, n
i siquiera la luz conseguía penetrar por las costras de roña que habían en los cristales.
Las palabras brillo y brillante estaban ausentes en el diccionario del salón y no por error de página ni de imprenta.
A cualquier lugar que dirigieses tu mirada encontrabas omnipotentes restos de sustancias de todos los tamaños, formas, texturas, colores como si estuvieses descubriendo señales rupestres.
En su mugrienta cocina el encender una llama activaba las posibilidades del 70% de explosión, por la fétida conjugación de basura reconcentrada y de fornidas capas de grasa chorreantes.
Los baños parecían un lugar de tortura con restos de uñas y pelos como para hacer pelucas, la bañera y el lavabo llevaban marcas como los embalses por el agua estancada. Del retrete no cabe mención alguna, tan solo que prefiero pasar antes por un fenómeno de rescate Poltergeist.
En esta casa no hay aroma alguno y mucho menos de un simple hogar.

DIÁLOGO
Jacinta, Jacintaaaa, que se te está quemando las lentejas…vaya vieja sorda ésta mujer. –Gritaba Remedios por la ventana.
Ya vá, tanto gritar ¿qué pasa ahora?… -dijo Jacinta por su ventana.
Pues tú dirás, casi ná...que se te está quemando la olla. -Le respondió con sorna Remedios.
Pero que olla o niño muerto sino no tengo ná en la lumbre. -Contestó Jacinta mientras se remangaba el jersey.
Concholis, ¿entonces de donde viene ese olor a lentejas pegá? -Le preguntó a la Jacinta.
Pues yo no huelo ná y además anda y qué cojones sé… pues mira tú ésta ahora con lo que me viene, con todo lo que tengo que hacer. -Respondió Jacinta malhumorada mientras cerraba su ventana.
Ay, hija qué mal fario tienes, pues te vas a enterar pá la próxima. –Respondió Remedios despechada sin dejar de olfatear como un ratón.

COMIENZO MISTERIOSO
El anticuario la invitó a bajar al sótano donde rebuscando podría encontrar tal vez lo que buscaba. Al descender los últimos peldaños se sintió invadida por un escalofrío, aquél lugar era inmenso y abarcaba toda la planta superior del edificio, la búsqueda le llevaría días o incluso semanas, todo estaba revuelto y desordenado.
Se acercó a una cómoda antigua que estaba a unos centímetros de ella para por un instante apoyarse, el anticuario le preguntó si se encontraba mal, ella con una forzada sonrisa dijo que no.
Sabía que tenía que estar allí, pero su agotada mente no daba para más con las claves de la nota.










2/11/11

Taller Fuentetaja (31-10-11)


Apertura con desconcierto y comienzo en media res.



ALA ROTA

Boca abajo con la cabeza girada a la izquierda, yacía en el suelo una ninfa de pelo azul con un ala partida. De su oído derecho y de la comisura de sus labios morados salia un reguero de sangre que discurría por la acera mojada hasta alcanzar un charco de agua para reposar.


La madrugada estaba fría y muy húmeda porque durante la noche hubo niebla con llovizna, pero su pobre cuerpo lleno de juventud estaba helado especialmente porque estaba muerto.


Se llamaba Odinne y a pesar de sus veintiún años aparentaba ser una pequeña adolescente, su rostro aniñado junto con su delgadez y sutil fragilidad la configuraba como una niña de unos quince años. Llevaba seis meses en Londres en un colegio mayor para aprender inglés, venía de la Bretaña francesa y era considerada por sus nuevos amigos en esta ciudad como una alocada y desenfrenada chica dispuesta a saborear la vida en todo su juego.


En cambio los que la conocían de siempre, no sabían de esa Odinne, al contrario, sino de una joven prudente, tímida y con miedo a casi todo. Todavía sus padres y amigos recuerdan las vueltas que dio para decidirse y organizar un año de estudios en Londres. Jamás había salido de su entorno y ni tan siquiera de su país, por ello a todo el mundo estremeció que ella apareciese muerta en esas extrañas circunstancias.


Pero no había nada extraño la tarde antes en que Odinne en clase no paró de enviar sms para cerrar la hora en quedar con sus amigos, estaba impaciente porque llegase la noche y vestirse para la fiesta de Halloween, era la primera vez en su vida que se disfrazaba y no pudo escoger mejor disfraz que el de ninfa.

Desde que salió de casa no dejó de recibir miradas de aceptación y ensoñación por todas partes, incluso algún pequeño quedó exaltado al verla corretear por la calles con sus alitas transparentes como el agua, parecía una ninfa en toda regla.


Sus amigos, de esa noche no recuerdan nada extraño, salvo que se divirtieron a tope, no conocieron nadie nuevo ni hubo incidentes, se movieron de aquí para allá como siempre por los lugares cotidianos de sus fines de semana. Solo hubo alcohol declararon cuando fueron interrogados pero jamás sin dejar de controlar.


A eso de las cuatro de la madrugada se separaron, cada uno fue para su casa, de la pobre Odinne solo se sabe que cogió un taxi, recuerdan que al entrar se partió un ala que cayó al suelo y que ella tomó para llevarse bajo el brazo.


No se supo más, hasta encontrar su aterido cuerpo en una acera lejana de una barriada de las afueras del centro, de la autopsia se revela que un golpe certero producido por su propia caída la hizo reventar la parte cerebral derecha, el golpe fue seco por un cuadro anterior de parada cardíaca, nada extraño según dictamen forense por la gran ingesta de drogas que llevaba.


Jamás se halló su ala rota.

25/10/11







EL SOMBRERO
Hay una bella leyenda que narran los habitantes del norte de Irlanda sobre un misterioso sombrero con formas y estilos diferentes que se aparece por azar a determinadas personas y que te lleva a toda una experiencia si te lo pones. Confieso que más que una leyenda es una realidad por los innumerables testimonios que hay recopilados, tanto fuera de los condados del norte de este país, como de mi breve encuentro con el supuesto sombrero.


Este verano como decía he pasado mis vacaciones en Irlanda, en concreto en el norte, en una pequeña aldea situada en la costa, llena de acantilados y calas desiertas, el tiempo ha sido el propio de la zona, un sol tenue azotado por numerosas nubes la mayor parte de los días y, un viento purificador casi constante, que en vez de hacerse incómodo te lleva si tienes paciencia a escuchar cantar a la mar de la mano de la hierba tierna y salvaje que inunda todo el campo. Por supuesto, tampoco ha faltado la lluvia como es menester en estos parajes, que te sacude de nostalgia y paz en especial cuando la ves caer tras los cristales, y que hace de esta tierra en resumidas cuentas un lugar idílico de vida y calma.


Recién llegada una tarde de esas en que el tiempo no propiciaba para largos paseos por los acantilados, decidí irme a la taberna del pueblo a tomarme una infusión con unas pastas, la taberna es de las típicas de madera, acogedora y cálida donde todos los habitantes acaban pasando un rato a lo largo del día para tomarse una stout, hot whiskey o irish mist preferiblemente.


Me senté en un rincón en un banco de madera pegada a la pared en una mesa para cuatro desde la cual divisaba prácticamente toda la barra y los asistentes. Mientras me debatía con el escurridizo paraguas que se me caía cada dos por tres al suelo me encontré de repente frente a mí a un joven pelirrojo que me preguntó de donde era, yo le respondí ilusionada que de España, a partir de ese instante se sucedió una amena y larga charla que me llevo toda la tarde y parte de la noche con este simpático irlandés llamado Dick que se brindó a ser mi amigo y guía particular en mi estancia.


Quiero mencionar que de ahí surgió una bonita amistad y un profundo agradecimiento por las maravillosas semanas que he pasado junto a él, sus amigos y familia que me han dado la oportunidad de conocer a una Irlanda hospitalaria, orgullosa, noble y divertida.

Una mañana como de costumbre quede con Dick después de desayunar, en el centro del pueblo para recogerle en su casa, yo había preparado ese día unas tortillas de patatas, una para llevarnos de excursión a la playa y otra para sus padres que estaban deseosos de volver a comerla después que les invite a mi casa una noche a cenar y probaron lo que ellos llaman “Delicacy of the sky” un manjar del cielo, mi tortilla de patatas made in Spain.


Cogimos de una especie de granero cerca de su casa unas bicicletas y con nuestras mochilas llenas de fruta, bebidas, queso, la tortilla, pan y galletas nos fuimos a recorrer unos seis kilómetros de sendero de costa para llegar a una cala que me encanta cerca de Coolanlough, en este pueblo paramos para recoger un original chubasquero verde con ovejitas blancas que Dick había encargado para regalarme por sorpresa, cosa que le agradecí en especial a la vuelta porque nos pillo una buena tormenta de agua que mi pobre chubasquero traído de España no hubiese aguantado.


Al bajar a la playita, nos acomodamos en una especie de gruta que nos protegía del viento, Dick acostumbrado a estas frías aguas se metió rápido al mar, yo mientras me lo pensaba vi por azar que el viento arrastraba un sombrero de paja hacía la orilla, me pregunté de donde vendría pues en ese lugar no había nadie, pensé que tal vez sería de alguien que lo había perdido en esta zona, los sombreros vuelan al menor descuido por estas tierras, así que contenta saqué mis pies del agua y fui corriendo a su encuentro, sin dudarlo lo tomé, me pareció bonito y me lo coloqué en mi cabeza y sentí que estaba muy guapa.


Dick a lo lejos me llamó insistente para entrar de una vez al agua, yo me quite el sombrero y agitándole en mi mano le dije que me lo había encontrado, al final se salió al comprobar que no iba a conseguir que me bañase. Al verme con el sombrero en la cabeza se sonrió y me empezó a salpicar con el agua fría, por instinto me defendí y entre tanta agitación el viento de nuevo me arrebató lo que no era mío y el sombrero se elevó tan alto que fue imposible alcanzarlo.


Debí de poner una cara de gran desilusión porque Dick al tumbarnos al sol me comenzó a hablar de una leyenda sobre un sombrero misterioso que va de cabeza en cabeza, yo atónita e ilusionada por la historia le pedí que me la contará, incluso me insinuó que tal vez el sombrero de paja fuese él mismo que a cientos de personas desde el 1800 se les ha aparecido en su camino y, aunque en mi caso haya sido solo por unos minutos podría sentir que era toda una afortunada.


Yo muerta de risa e impaciente le dije que comenzará a contarme las intrigantes historias, sabía muchas pero el caso más directo que conocía era el de su tío materno Patrick, que hace unos diez años viniendo de viaje en coche hizo una parada en un restaurante de Belfast para cenar y, al salir se encontró por sorpresa un elegante sombrero negro de fieltro con unas plumillas de avestruz en el capo de su coche.


Yo toda emocionada le pedí que me lo contará despacio para no perder detalle, entonces sugirió que si me apetecía podíamos quedar con su tío por la noche en la taberna y así de paso nos presentaría y me narraría con todo detalle su experiencia, yo encantada acepté y Dick sin perder un minuto buscó su móvil en la mochila y cerró la cita para las siete y media.

A las ocho de la tarde llegué con retraso a la taberna por el diluvio que caía, la taberna estaba a tope, unos cuantos conocidos me saludaron y me mostraron una mesa al fondo cerca de la escalera de los baños donde encontré a Dick con su tío Patrick y dos amigos más cuyos nombres no recuerdo, forrada con mi maravilloso chubasquero de ovejitas y mis botas de agua me excuse, Patrick rápido se levantó con un grata sonrisa y me lanzó un abrazo, yo por costumbre le metí dos besos como al resto.


Después de acomodarnos con unas rondas de stouts y quedarnos por fin solos los tres, salté rápido a la anécdota de la mañana en la cala con el sombrero de paja, el tío de Dick un robusto hombre de mediana edad, simpático y bonachón no dudo en soltar una carcajada cuando me escuchó, para desconcertarme al decirme que lo de mi sombrero de paja había sido una especie de mensaje o señal.


Yo no entendía nada pero de repente una seriedad le invadió y comenzó a narrarme su experiencia, recordaba con toda exactitud aquella noche en Belfast y como al regresar a su coche se encontró el curioso sombrero, contó que a los segundos de tocarlo y examinarlo se acordó de la leyenda y sin más se lo colocó, le quedaba como un guante, dicen que es un buen indicio el que te lo encuentres por azar y que al ponértelo te caiga a tu medida, por tanto, no debes rehusar a quedártelo.


Mientras conducía hacía su casa le invadieron dudas y llegó a pensar que tal vez era una pura casualidad del destino o incluso la broma de algún paisano que cansado del sombrero lo dejó sobre su coche, el caso que ante la duda y los numerosos testimonios escuchados desde niño, quiso probar y dejarse llevar por la experiencia.


Al llegar a casa se acostó muy cansado y dejó el sombrero sobre el sofá del salón, esa noche tuvo muchas pesadillas referentes a su pasado, e incluso algo de fiebre, pero al despertar pese a la mala noche se encontró muy vital y alegre y se preparó para ir a dar de comer al ganado como de costumbre, sin olvidar ponerse antes de salir su nuevo sombrero; dice la leyenda que tienes que tenerlo puesto dos días seguidos mínimo, luego el sombrero desaparece por arte de magia.


El primer día fue desarrollándose con pensamientos constantes en el pasado, con subidas y bajadas de ánimo, con estados de exaltación y otros de profundo dolor ante recuerdos dados por olvidados, también dice la leyenda que el sombrero purifica tu mente, recuerdos y sentimientos hasta llegar a tu alma, así que aguantó el desconcierto emocional que tenía encima sin osar quitarse el sombrero solo por una honda intuición, pese a ser un hombre que no daba muchas vueltas a las cosas y pecaba de algo incrédulo.


La siguiente noche fue peor que la anterior e incluso pensó que lo primero que haría al levantarse sería tirar el sombrero a la basura; otros testimonios coinciden exactamente en esa profunda convicción que se tiene el segundo día de que el sombrero es el artífice de todo y en querer desprenderte de él.


Por sorpresa de nuevo, al amanecer y despertar lo hizo de una forma mucho más vital y feliz que la mañana anterior y que recordase desde hacía mucho tiempo, así que todo animoso preparó al ganado con su maravilloso sombrero en la cabeza y se acercó al puerto a solucionar unos papeles de un barco que había vendido de pesca, en principio era un día algo pesado, pero dicen todos los que aquel día le vieron que les resultó su presencia como especial y relajante y lo insólito que nadie observó el curioso sombrero en su cabeza que desentonaba a la legua con su atuendo de típico granjero, pero en cambio Patrick nos juró que a todos les mencionó lo de su nuevo sombrero y que incluso lo tomo varias veces en su mano para mostrarlo, por el contrario nadie recordaba nada de aquello, el caso que el día se desenvolvió a las mil maravillas y el tío de Dick se sintió feliz y lleno de amor por todo y todos.


Al llegar la noche nos contó que estaba algo temeroso de dormirse pues las noches anteriores habían sido terroríficas, así que decidió quedarse en el salón viendo la tele hasta el amanecer y con el sombrero puesto dado que pensó que tal vez así se mantendría la dicha que tenía encima, de esa noche no hay recuerdo alguno, solo que despertó a la mañana siguiente en su cama, hasta con el pijama puesto, todo en aparente orden, muy feliz y tranquilo, pero en cambio el sombrero se había esfumado por arte de magia de su cabeza y de su lado.


No le importó, rápido supo que su misión con él había terminado, el caso que nos confesó que el sombrero le había curado dos grandes espinas de dolor que llevaba en su corazón, una por su mala relación con su padre durante toda su vida y otra por la pérdida del barco de pesca a causa de unas deudas de juego con un vecino tramposo, el caso que todo su penar, rencor y tristeza quedaba olvidado, como si solo hubiese sido un espectador frente a una pantalla de cine de todas aquellas dolorosas experiencias, por fin, se sintió libre y en paz de corazón y alma.


Dick y su tío me contaron un par de testimonios muy curiosos pero en base casi similares, mientras yo, con mi cara ensimismada me seguía preguntando si el sombrero de paja podría ser el famoso sombrero misterioso, en mi caso me quedaba con la gran duda.


La verdad que al despedirme de ellos y regresar por la noche bajo la incesante lluvia torrencial a casa, me imaginé yo toda contenta con mi original chubasquero de ovejitas y el prodigioso sombrero de paja sobre mi cabeza, estaba claro pensé que el supuesto sombrero misterioso de la playa conmigo no quería cuentas algunas, tal vez porque mi mejores curas vienen de la mano de maravillosas personas como Dick y de misteriosas leyendas llenas de amor y luz.