2/11/11

Taller Fuentetaja (31-10-11)


Apertura con desconcierto y comienzo en media res.



ALA ROTA

Boca abajo con la cabeza girada a la izquierda, yacía en el suelo una ninfa de pelo azul con un ala partida. De su oído derecho y de la comisura de sus labios morados salia un reguero de sangre que discurría por la acera mojada hasta alcanzar un charco de agua para reposar.


La madrugada estaba fría y muy húmeda porque durante la noche hubo niebla con llovizna, pero su pobre cuerpo lleno de juventud estaba helado especialmente porque estaba muerto.


Se llamaba Odinne y a pesar de sus veintiún años aparentaba ser una pequeña adolescente, su rostro aniñado junto con su delgadez y sutil fragilidad la configuraba como una niña de unos quince años. Llevaba seis meses en Londres en un colegio mayor para aprender inglés, venía de la Bretaña francesa y era considerada por sus nuevos amigos en esta ciudad como una alocada y desenfrenada chica dispuesta a saborear la vida en todo su juego.


En cambio los que la conocían de siempre, no sabían de esa Odinne, al contrario, sino de una joven prudente, tímida y con miedo a casi todo. Todavía sus padres y amigos recuerdan las vueltas que dio para decidirse y organizar un año de estudios en Londres. Jamás había salido de su entorno y ni tan siquiera de su país, por ello a todo el mundo estremeció que ella apareciese muerta en esas extrañas circunstancias.


Pero no había nada extraño la tarde antes en que Odinne en clase no paró de enviar sms para cerrar la hora en quedar con sus amigos, estaba impaciente porque llegase la noche y vestirse para la fiesta de Halloween, era la primera vez en su vida que se disfrazaba y no pudo escoger mejor disfraz que el de ninfa.

Desde que salió de casa no dejó de recibir miradas de aceptación y ensoñación por todas partes, incluso algún pequeño quedó exaltado al verla corretear por la calles con sus alitas transparentes como el agua, parecía una ninfa en toda regla.


Sus amigos, de esa noche no recuerdan nada extraño, salvo que se divirtieron a tope, no conocieron nadie nuevo ni hubo incidentes, se movieron de aquí para allá como siempre por los lugares cotidianos de sus fines de semana. Solo hubo alcohol declararon cuando fueron interrogados pero jamás sin dejar de controlar.


A eso de las cuatro de la madrugada se separaron, cada uno fue para su casa, de la pobre Odinne solo se sabe que cogió un taxi, recuerdan que al entrar se partió un ala que cayó al suelo y que ella tomó para llevarse bajo el brazo.


No se supo más, hasta encontrar su aterido cuerpo en una acera lejana de una barriada de las afueras del centro, de la autopsia se revela que un golpe certero producido por su propia caída la hizo reventar la parte cerebral derecha, el golpe fue seco por un cuadro anterior de parada cardíaca, nada extraño según dictamen forense por la gran ingesta de drogas que llevaba.


Jamás se halló su ala rota.

25/10/11







EL SOMBRERO
Hay una bella leyenda que narran los habitantes del norte de Irlanda sobre un misterioso sombrero con formas y estilos diferentes que se aparece por azar a determinadas personas y que te lleva a toda una experiencia si te lo pones. Confieso que más que una leyenda es una realidad por los innumerables testimonios que hay recopilados, tanto fuera de los condados del norte de este país, como de mi breve encuentro con el supuesto sombrero.


Este verano como decía he pasado mis vacaciones en Irlanda, en concreto en el norte, en una pequeña aldea situada en la costa, llena de acantilados y calas desiertas, el tiempo ha sido el propio de la zona, un sol tenue azotado por numerosas nubes la mayor parte de los días y, un viento purificador casi constante, que en vez de hacerse incómodo te lleva si tienes paciencia a escuchar cantar a la mar de la mano de la hierba tierna y salvaje que inunda todo el campo. Por supuesto, tampoco ha faltado la lluvia como es menester en estos parajes, que te sacude de nostalgia y paz en especial cuando la ves caer tras los cristales, y que hace de esta tierra en resumidas cuentas un lugar idílico de vida y calma.


Recién llegada una tarde de esas en que el tiempo no propiciaba para largos paseos por los acantilados, decidí irme a la taberna del pueblo a tomarme una infusión con unas pastas, la taberna es de las típicas de madera, acogedora y cálida donde todos los habitantes acaban pasando un rato a lo largo del día para tomarse una stout, hot whiskey o irish mist preferiblemente.


Me senté en un rincón en un banco de madera pegada a la pared en una mesa para cuatro desde la cual divisaba prácticamente toda la barra y los asistentes. Mientras me debatía con el escurridizo paraguas que se me caía cada dos por tres al suelo me encontré de repente frente a mí a un joven pelirrojo que me preguntó de donde era, yo le respondí ilusionada que de España, a partir de ese instante se sucedió una amena y larga charla que me llevo toda la tarde y parte de la noche con este simpático irlandés llamado Dick que se brindó a ser mi amigo y guía particular en mi estancia.


Quiero mencionar que de ahí surgió una bonita amistad y un profundo agradecimiento por las maravillosas semanas que he pasado junto a él, sus amigos y familia que me han dado la oportunidad de conocer a una Irlanda hospitalaria, orgullosa, noble y divertida.

Una mañana como de costumbre quede con Dick después de desayunar, en el centro del pueblo para recogerle en su casa, yo había preparado ese día unas tortillas de patatas, una para llevarnos de excursión a la playa y otra para sus padres que estaban deseosos de volver a comerla después que les invite a mi casa una noche a cenar y probaron lo que ellos llaman “Delicacy of the sky” un manjar del cielo, mi tortilla de patatas made in Spain.


Cogimos de una especie de granero cerca de su casa unas bicicletas y con nuestras mochilas llenas de fruta, bebidas, queso, la tortilla, pan y galletas nos fuimos a recorrer unos seis kilómetros de sendero de costa para llegar a una cala que me encanta cerca de Coolanlough, en este pueblo paramos para recoger un original chubasquero verde con ovejitas blancas que Dick había encargado para regalarme por sorpresa, cosa que le agradecí en especial a la vuelta porque nos pillo una buena tormenta de agua que mi pobre chubasquero traído de España no hubiese aguantado.


Al bajar a la playita, nos acomodamos en una especie de gruta que nos protegía del viento, Dick acostumbrado a estas frías aguas se metió rápido al mar, yo mientras me lo pensaba vi por azar que el viento arrastraba un sombrero de paja hacía la orilla, me pregunté de donde vendría pues en ese lugar no había nadie, pensé que tal vez sería de alguien que lo había perdido en esta zona, los sombreros vuelan al menor descuido por estas tierras, así que contenta saqué mis pies del agua y fui corriendo a su encuentro, sin dudarlo lo tomé, me pareció bonito y me lo coloqué en mi cabeza y sentí que estaba muy guapa.


Dick a lo lejos me llamó insistente para entrar de una vez al agua, yo me quite el sombrero y agitándole en mi mano le dije que me lo había encontrado, al final se salió al comprobar que no iba a conseguir que me bañase. Al verme con el sombrero en la cabeza se sonrió y me empezó a salpicar con el agua fría, por instinto me defendí y entre tanta agitación el viento de nuevo me arrebató lo que no era mío y el sombrero se elevó tan alto que fue imposible alcanzarlo.


Debí de poner una cara de gran desilusión porque Dick al tumbarnos al sol me comenzó a hablar de una leyenda sobre un sombrero misterioso que va de cabeza en cabeza, yo atónita e ilusionada por la historia le pedí que me la contará, incluso me insinuó que tal vez el sombrero de paja fuese él mismo que a cientos de personas desde el 1800 se les ha aparecido en su camino y, aunque en mi caso haya sido solo por unos minutos podría sentir que era toda una afortunada.


Yo muerta de risa e impaciente le dije que comenzará a contarme las intrigantes historias, sabía muchas pero el caso más directo que conocía era el de su tío materno Patrick, que hace unos diez años viniendo de viaje en coche hizo una parada en un restaurante de Belfast para cenar y, al salir se encontró por sorpresa un elegante sombrero negro de fieltro con unas plumillas de avestruz en el capo de su coche.


Yo toda emocionada le pedí que me lo contará despacio para no perder detalle, entonces sugirió que si me apetecía podíamos quedar con su tío por la noche en la taberna y así de paso nos presentaría y me narraría con todo detalle su experiencia, yo encantada acepté y Dick sin perder un minuto buscó su móvil en la mochila y cerró la cita para las siete y media.

A las ocho de la tarde llegué con retraso a la taberna por el diluvio que caía, la taberna estaba a tope, unos cuantos conocidos me saludaron y me mostraron una mesa al fondo cerca de la escalera de los baños donde encontré a Dick con su tío Patrick y dos amigos más cuyos nombres no recuerdo, forrada con mi maravilloso chubasquero de ovejitas y mis botas de agua me excuse, Patrick rápido se levantó con un grata sonrisa y me lanzó un abrazo, yo por costumbre le metí dos besos como al resto.


Después de acomodarnos con unas rondas de stouts y quedarnos por fin solos los tres, salté rápido a la anécdota de la mañana en la cala con el sombrero de paja, el tío de Dick un robusto hombre de mediana edad, simpático y bonachón no dudo en soltar una carcajada cuando me escuchó, para desconcertarme al decirme que lo de mi sombrero de paja había sido una especie de mensaje o señal.


Yo no entendía nada pero de repente una seriedad le invadió y comenzó a narrarme su experiencia, recordaba con toda exactitud aquella noche en Belfast y como al regresar a su coche se encontró el curioso sombrero, contó que a los segundos de tocarlo y examinarlo se acordó de la leyenda y sin más se lo colocó, le quedaba como un guante, dicen que es un buen indicio el que te lo encuentres por azar y que al ponértelo te caiga a tu medida, por tanto, no debes rehusar a quedártelo.


Mientras conducía hacía su casa le invadieron dudas y llegó a pensar que tal vez era una pura casualidad del destino o incluso la broma de algún paisano que cansado del sombrero lo dejó sobre su coche, el caso que ante la duda y los numerosos testimonios escuchados desde niño, quiso probar y dejarse llevar por la experiencia.


Al llegar a casa se acostó muy cansado y dejó el sombrero sobre el sofá del salón, esa noche tuvo muchas pesadillas referentes a su pasado, e incluso algo de fiebre, pero al despertar pese a la mala noche se encontró muy vital y alegre y se preparó para ir a dar de comer al ganado como de costumbre, sin olvidar ponerse antes de salir su nuevo sombrero; dice la leyenda que tienes que tenerlo puesto dos días seguidos mínimo, luego el sombrero desaparece por arte de magia.


El primer día fue desarrollándose con pensamientos constantes en el pasado, con subidas y bajadas de ánimo, con estados de exaltación y otros de profundo dolor ante recuerdos dados por olvidados, también dice la leyenda que el sombrero purifica tu mente, recuerdos y sentimientos hasta llegar a tu alma, así que aguantó el desconcierto emocional que tenía encima sin osar quitarse el sombrero solo por una honda intuición, pese a ser un hombre que no daba muchas vueltas a las cosas y pecaba de algo incrédulo.


La siguiente noche fue peor que la anterior e incluso pensó que lo primero que haría al levantarse sería tirar el sombrero a la basura; otros testimonios coinciden exactamente en esa profunda convicción que se tiene el segundo día de que el sombrero es el artífice de todo y en querer desprenderte de él.


Por sorpresa de nuevo, al amanecer y despertar lo hizo de una forma mucho más vital y feliz que la mañana anterior y que recordase desde hacía mucho tiempo, así que todo animoso preparó al ganado con su maravilloso sombrero en la cabeza y se acercó al puerto a solucionar unos papeles de un barco que había vendido de pesca, en principio era un día algo pesado, pero dicen todos los que aquel día le vieron que les resultó su presencia como especial y relajante y lo insólito que nadie observó el curioso sombrero en su cabeza que desentonaba a la legua con su atuendo de típico granjero, pero en cambio Patrick nos juró que a todos les mencionó lo de su nuevo sombrero y que incluso lo tomo varias veces en su mano para mostrarlo, por el contrario nadie recordaba nada de aquello, el caso que el día se desenvolvió a las mil maravillas y el tío de Dick se sintió feliz y lleno de amor por todo y todos.


Al llegar la noche nos contó que estaba algo temeroso de dormirse pues las noches anteriores habían sido terroríficas, así que decidió quedarse en el salón viendo la tele hasta el amanecer y con el sombrero puesto dado que pensó que tal vez así se mantendría la dicha que tenía encima, de esa noche no hay recuerdo alguno, solo que despertó a la mañana siguiente en su cama, hasta con el pijama puesto, todo en aparente orden, muy feliz y tranquilo, pero en cambio el sombrero se había esfumado por arte de magia de su cabeza y de su lado.


No le importó, rápido supo que su misión con él había terminado, el caso que nos confesó que el sombrero le había curado dos grandes espinas de dolor que llevaba en su corazón, una por su mala relación con su padre durante toda su vida y otra por la pérdida del barco de pesca a causa de unas deudas de juego con un vecino tramposo, el caso que todo su penar, rencor y tristeza quedaba olvidado, como si solo hubiese sido un espectador frente a una pantalla de cine de todas aquellas dolorosas experiencias, por fin, se sintió libre y en paz de corazón y alma.


Dick y su tío me contaron un par de testimonios muy curiosos pero en base casi similares, mientras yo, con mi cara ensimismada me seguía preguntando si el sombrero de paja podría ser el famoso sombrero misterioso, en mi caso me quedaba con la gran duda.


La verdad que al despedirme de ellos y regresar por la noche bajo la incesante lluvia torrencial a casa, me imaginé yo toda contenta con mi original chubasquero de ovejitas y el prodigioso sombrero de paja sobre mi cabeza, estaba claro pensé que el supuesto sombrero misterioso de la playa conmigo no quería cuentas algunas, tal vez porque mi mejores curas vienen de la mano de maravillosas personas como Dick y de misteriosas leyendas llenas de amor y luz.

18/10/11

LOS LIMONEROS

Taller Fuentetaja (17-10-11)

Trabajo sobre metáfora de situación

Al entrar al patio lo primero que he visto han sido los limoneros que llenan el jardín, aquí permanecen para mi sorpresa e inconfesable agrado después de 15 años, tan recios y bellos como los recordaba, son los únicos que se mantienen de forma inexplicable iguales desde la última vez que estuve antes de lo ocurrido, lo demás rezuma olvido, tristeza y dolor.


Pese a ello, reconozco que han conseguido curiosamente arrancarme una sonrisa de felicidad con vueltas a los recuerdos, como las que daba de niña cantando en torno a sus troncos cuando veníamos en verano con los abuelos, también me han acercado a las tardes que nos subíamos mi hermano Gabriel y yo en las viejas sillas de cenefa para intentar alcanzar con nuestras pequeñas manos los limones que la abuela Bisi reclamaba a gritos para prepararnos las limonadas con una pizquita de hierba buena, que nos saciaba del todo la sed de la calurosa dehesa extremeña. Así como las veces que ayudamos a podar sus ramas entre risas y juegos y, las curiosas e inventivas incrustaciones que hacíamos en sus troncos con la navaja a escondidas para verlas decíamos después de 200 años.


Por momentos me he emocionado más de alegría que de pena; por eso, no he querido mirar directa sino de reojo al limonero del pozo, me ha perturbado sutilmente su presencia, aunque sin culpa en este caso me ha llevado con regocijo también a las noches de esos veranos vacacionales en los que sentados o tumbados sobre el pozo tapado mirábamos mi hermano y yo la luna entre sus hojas y emulábamos los versos aprendidos de memoria durante las siestas de Rafael Alberti, García-Lorca, Machado y mi querida Alfonsina Storni con un recital de poemas a toda mecha que estropeábamos en la carrera de quien de los dos sería de mayor mejor poeta.


No quiero en el fondo deshacerme de esta casa, ni olvidarme de esa parte de mi vida, pero ya no queda nadie, todos se han ido aunque en verdad desde aquello todos nos fuimos, ahora está el futuro, mi hija Clara, pero me da miedo desempolvar los ruinosos sentimientos que me trae este lugar, aquellos que marcaron el final de este maravilloso punto.

 
Son los limoneros los únicos testigos que albergan junto con la ruinosa casa los secretos y vivencias de cinco generaciones sin no me falla la cuenta, siento que somos demasiada gente e historias para sus ramas, pero sin quererlo tal vez sean inmutables al tiempo y la tragedia pasada.

Aún así, no sé bien que haré, hoy una vez aquí en el reencuentro, no sé si podré olvidarme de todo esto y quedarme y aliviarme de la maldita estampa que se grabó como un estigma aquella tarde en mi alma, y ser capaz alguna vez de recobrar el aliento bajo el limonero del pozo y exculparle de dejar soltarse a mi hermano de sus ramas para caer al vacío y un golpe seco arrancarle su última sonrisa pintada de sangre, y sentarme un día con mi hija bajo su sombra mientras le desentierro mis recuerdos bellos como cuentos.

De nuevo con agrado los observo y siento que tal vez vaya siendo hora de tomar ejemplo de ellos y pese a la desdicha y la adversidad ser inmutable como parecen al tiempo y la tragedia, y seguir adelante con el esplendor que da la vida sin culpa ni culpables.

































11/10/11


TALLER FUENTETAJA

Trabajo sobre inversión (03-10-2011)




MORALIDAD

Una tarde más, Claudia subió a toda prisa por las escaleras a su habitación, de un portazo cerró la puerta y tiró su bolso y la carpeta de estudios al suelo. Acto seguido se dejó caer boca arriba sobre su cama, se descalzó con los pies; respiró hondo y tomó unos minutos de relax mientras se lamia los labios con excitación imaginando el placer que se le avecinaba.

Transcurrido un tiempo, de un salto se incorporó y decidió escoger la ropa interior antes de ducharse, rebuscó con impaciencia un conjunto rojo de encaje que escondía en la que ella llamaba la Caja de Pandora, una caja camuflada y oculta en el interior de su armario entre mil trapos y vestidos que contenía la ropa que se compraba a escondidas en los sex-shops, al encontrarlo se le iluminó el rostro, era con el que más sexy se descubría.


Mientras se desnudaba juguetonamente se dispuso a encender el ordenador…

En estas tardes de todas sus manías y excentricidades habían dos que eran ya un ritual, la primera echar los cerrojos de casa y el de la puerta de su habitación, sabía que era imposible que nadie apareciese por allí antes de las once de la noche, pero por prudencia se mostraba cauta en tomar todas las medidas necesarias para no ser jamás pillada, la otra, colocar sus zapatillas separadas y frente a la puerta de su dormitorio en señal de vigilancia, con todo esto se sentía suficientemente segura para una vez salida de la ducha transformarse en La Flor Viciada.


Este era su nombre carnal, por llamarlo de alguna manera, con el que todas las tardes conectada a una página de sexo se mostraba en cámara de lo más ardiente e insinuante para calentar al personal con tórridas palabras y obscenidades, tenía muchos seguidores, más de los que podía atender, gratis por supuesto, esto era un juego para ella, un juego secreto que surgió hace dos años por azar, una tarde de invierno que trasteaba por páginas inconcebidas cuando flaqueaba su relación de pareja con Marcos.


Hoy jueves ha quedado primero con Carlo un musculoso portugués afincado en Bruselas que es de lo más divertido y sugerente en temas de sexo, luego con Lobo, un gaditano casado que siempre la insiste en conocerla en persona para que se entere de lo que vale un peine, más tarde con un madurito anónimo que podría ser su padre, y que le encanta por el juego seductor que con ella se monta de hija mala y, por último, un nuevo contacto que le resulta muy estimulante porque la provoca con su órgano tatuado y el rostro tapado, estos son una pequeña muestra del personal de lo más misterioso, variopinto y degenerado que la pone.


Más tarde después de excitarse con ellos un sinfín de veces con sus consiguientes orgasmos, vendrá la noche y caerá recolocarse como Claudia, devolver la ropa a la caja de Pandora bajo cien vueltas de llave, vestirse con el pijama de flores, dar una patada con repulsa a las zapatillas que se interponen para descorrer el cerrojo de su guarida, y que corra el aire de sobra viciado y atrapado, y solo de tarde en tarde sin previo aviso y en algunas ocasiones, cuando eso de la conciencia la empuje a trompicones, se acercará al espejo para contemplar extasiada su trastorno, mientras, sin compasión permitirá que Marcos siga aguardando impaciente la virginidad que ella defiende.





MICRORELATO

FICCIÓN


Bing, bang, bung...los tiros se cruzaban de un bando a otro, Rogelio agitado con su mirada helada en el objetivo daba las dos últimas caladas a un pitillo certero, en un instante un estruendo le echó para atrás, al abrir los ojos el televisor había reventado, maldita sea pensó asustado...me he quedado sin la jodida guerra.

7/7/11



VAYA METEDURA DE PIES...


Cómo me gustaron en su día aquellos zapatos, me parecían los más bonitos del mundo...No había otro par que se le igualase, bueno, eso quería yo.

Por eso los escogí, aunque rápido ví al probármelos que me quedaban pequeños y me harían daño, pero me gustaban tanto..., que me convencí que los daría de sí.

Tanto como digo, que los aguanté hasta que se me arrugaron las uñas de mis pies y acabé con andares extraños y dolores hasta en el reir.

Un día dije no puedo más y opté por quitármelos... ¡Dios que agonía!, por poco me muero al arrancarlos de mis castigados e irreconocibles pies.


Los recuperé con el tiempo y no digo los zapatos sino mis pedestales, porque una tiene suficiente brío para apechugar con las malas elecciones y salir adelante por, valga la redundancia, sus pies.

Desde entonces procuro ir libre, o sea descalza, y en caso contrario me he hecho con un par de zapatos con talla suficiente que son la horma perfecta para mi bonito caminar.

21/6/11

TRABAJO TALLER FUENTETAJA




(20-junio-2011)



Texto basado en diálogos.



..."PROMEDIO"...


-¿Jorge, llevas mucho tiempo esperando?
-Que va, acabo de llegar a casa, no me he quitado ni la corbata.
-Uf, menos mal, perdona el retraso… ¿Qué tal tu día en la oficina?
-Un horror, todo va de mal en peor, sino fuera por nuestros momentos, no sé que sería de mi vida.
-Anda tonto no exageres, aunque reconozco que me encanta las cosas que me dices. Sabes una cosa, cada vez te quiero más, por cierto, qué guapo estabas ayer con esa camisa rosa.
-Pues no quieras saber quién me la regaló…
-Ya supongo, bueno el caso que el buen gusto viene de familia, ¿no?.
-No lo discuto, pero de verdad Alicia esto es una pesadilla, no aguanto más, créeme que ayer estuve a punto de besarte cuando brindamos en la cena y decirles a todos lo nuestro, es más, anoche soñé que se enteraba, me amenazó con acabar contigo y te culpaba de todo, te llamó incluso puta.
-Venga Jorge, fue un mal sueño antes de que suceda eso, tú y yo lo habremos arreglado civilizadamente, hablaremos con ellos sin falta a principios de verano, y ya verás como lo comprenden y tendrán ocasión de asimilarlo durante las vacaciones.
-No sé Alicia, estoy algo desanimado… siempre surge algún impedimento que nos retrasa para estar juntos, lo último, la operación de Luis, Dios santo, casi medio año de convalecencia y aún así, todavía no le veo yo muy tieso, pese a que tú digas lo contrario.
-Lo sé, pero bueno, no quiero hablar más de ese tema, sabes que es por humanidad, no puedo consentir que un día mis hijos me echen en cara que pedí la separación a su padre en plena enfermedad, sabes que su problema de riñón es muy delicado, tú mismo me dijiste el día de su ingreso que le viste muy mal.
-Cierto, incluso tuve en la sala de urgencias un mal pensamiento que ya te conté.
-Ya, lo recuerdo, pero no te atormentes a mi también me pasó, el estar separados es un castigo, Dios cuánto te echo de menos. Por cierto, vais a la cena en marzo de mis primos de Toledo.
-¿Qué dices?, los de tu tía Amalia, no me ha dicho nada…espera un segundo, creo que ha llegado a casa. Joder, ¿qué hace aquí hoy tan pronto?...



En un segundo Jorge cierra su messenger y busca rápido abrir un archivo de Excel, algo desconcertado tantea si salir al encuentro de su esposa o hacerse el ocupadísimo, al final opta por levantarse de la butaca y salir en su busca.
Elena cielo, ¿eres tú? –gritó desde la habitación.
Si claro, quién sino –contestó ella con falsa desgana desde el pasillo mientras arrojaba las llaves sobre la mesa del recibidor.

En tanto Alicia se volvía a quedar una tarde más tirada frente a la pantalla de su ordenador, fastidiada en su fuero interno por la contradicción que Jorge demostraba en cuanto temía ser pillado. Después de media hora de espera para ver si se conectaba de nuevo o le mandaba algún mensaje al móvil, desistió desilusionada y se levantó para preparar la merienda a sus hijos que jugaban en el patio.



Pero bueno que haces tan pronto en casa, ¿te pasa algo? –le preguntó Jorge al encontrarse frente a ella en el salón.
Jorge mi amor abrázame con fuerza –le pidió muy mimosa antes de besarle en la boca.
Tras besarla y abrazarla, le preguntó algo confuso. – Elena ¿qué te sucede?, déjate de jueguecitos que te conozco.
Ella le abrazó de nuevo con más fuerza y le susurró al oído –Nada cielo, tan solo que vamos a ser papás.

La primera sensación que tuvo Jorge fue de pánico y desconfianza, sabía de sobra que Elena intuía que él ya no era feliz en su matrimonio pero estaba convencido que era una mujer muy inteligente y segura como para intentar retenerle con el engaño de un hijo.
¿Qué dices?, no puede ser, si tomas la píldora– le dijo mientras la sujetaba de los brazos para retirarla de su pecho y mirarla fijamente los ojos.
Ya lo sé, pero no sé, tal vez un descuido, yo que sé… ya sabes que a veces se me olvida, en fin que soy un desastre en la cuenta de los días esos de descanso.

Elena comenzaba a inquietarse y logró soltarse de sus brazos con la excusa de quitarse la chaqueta.


Jorge en ese instante levantó sus manos y tomó su cabeza en un gesto de desolación y la dijo -Pero bueno y como no me has dicho antes nada, no sé, habrás notado algo, algún retraso… ¿no sabrás ya de cuanto estás? .
Pues de once semanas más o menos me ha dicho hoy el ginecólogo- le replicó algo mosqueada.

Joder, Elena ¿vienes del ginecólogo?, y a estas alturas sin decirme ni una sola palabra, no doy crédito a tu comportamiento –le recriminó con una mirada de indignación.


Pero Jorge de verdad, ya está bien, no sé de que va todo esto, yo lo único que he hecho es…pues comprobar un par de retrasos e ir a la farmacia y luego al ginecólogo, además no se lo he dicho absolutamente a nadie, ni siquiera a mi madre ni a mi hermana, ya sabes que soy muy independiente y no quería que nadie se ilusionara en balde ¿vale? tú eres el primero en saberlo -le zanjó acariciándole la cara para apaciguarle.


Él en cambio se fue directo al sofá a sentarse, claramente detectó que estaba sufriendo un ataque de ansiedad, como en otras ocasiones no tuvo más remedio que recostarse para quedar inmóvil, y controlar su respiración para no hiperventilar y acabar sin conocimiento.


Aún así, comenzó a sudar con exageración, su pasado, presente y planes de futuro se entremezclaron de galope en su mente, pensó en la cara de Alicia cuando se enterase de la noticia, por otra la felicidad de sus padres con un nieto, luego a Elena con su enorme panza organizando la ropita del bebé, la nueva sensación de ser padre, la responsabilidad, y, un sinfín de emociones agridulces que le hicieron sin control comenzar a llorar.



Elena se quedó petrificada observándole un rato, tras ello comenzó también a sollozar y le dijo -Dios, pero ¿qué te pasa Jorge?... parece esto una desgracia, no te imaginas el disgusto que me da verte de esta manera.
Discúlpame, necesito un rato de silencio y soledad, ya sabes que llevo meses algo estresado por el trabajo y sufro de ansiedad, además la noticia así de repente, tu falta de confianza, el día tan duro … en fin que me encuentro algo mareado y desbordado, pero tranquila se me pasará…le respondió con cara de angustia y compasión.
Bien, te dejo un rato para que te tranquilices, voy a enviar un e-mail a la oficina mientras me preparo un baño para relajarme, porque ahora tengo que cuidarme más que nunca y lo pienso hacer tanto por mi como por mi hijo –dijo Elena con tono de contundencia y una profunda mirada de decepción.


Tras unos minutos Jorge no pudo evitar sentir un hondo sentimiento de culpabilidad y consternación por no controlar sus emociones, en resumidas cuentas ella no era responsable de nada, ni tan siquiera de su desenamoramiento, al contrario, reconocía que era una mujer maravillosa, y por primera vez se planteaba y cuestionaba porque un día se enamoró de su cuñada.