14/7/09




PASIONES

Cerró tras de sí la puerta de casa, la calle estaba desierta y la noche fría; se ajustó el cinturón de la gabardina y encendió un cigarrillo.

Descendió las escaleras de piedra y emprendió despacio y sigilosa la subida del callejón, los adoquines húmedos brillaban bajo la luz de la luna.

Sobre sus tacones de aguja se meneaba suave y segura, mientras una estela de humo la desvanecía entre bocanada y bocanada al son de la música del peso de su cuerpo.
Hechizada miró al cielo, allí estaba ella, pletórica y llena, esperándola con la benevolencia del universo. Se sonrieron como siempre.

Al final del callejón se apartó celosa de su mirada y, silenciosa se aproximó a un esquinazo oscuro y ardiente. Se desabrochó insinuante su gabardina, y unas intrépidas manos la acariciaron con fuerza los pechos mientras acercaban sus labios.

La pasión prohibida y secreta aceleró sus corazones hasta alcanzar el éxtasis, la luna cómplice de ellas se arropó de nubes.

3/7/09





FRAGILIDAD


Algunas veces sin pretenderlo,
cuando hilo mis emociones
una fiel aguja resbala,
y, el alma me traspasa.

Brota una dolorosa gota,

de negro y sutil veneno
condensado de temores,
que me invade por doquier.

Enajenadas mis emociones

se tornan nubes empañadas,
que arremeten maliciosas
contra los benditos anhelos.

Si puedo succiono con mis labios
tan ajeno veneno propio,
que escupo con vehemencia
a los pies del templo de mi alma,
como ofrenda de no volver.

23/6/09

Junio Ardiente (de Lord Frederic Leighton)



Mis ojos te descubren con el brillo cautivo de una sagaz aventurera a la conquista de tu misterioso continente, me embarga una sensación de infinita impaciencia por recorrerte y conocerte. Dormida en un profundo sueño, ojalá fuese conmigo, yaces tranquila… yo me adentro sigilosa de puntillas.

Fascinada de ti , repleta y desbordada de ansía como los grandes amores, me pinto con tus vivos colores y deshielo mi invierno cuerpo, que se convierte en corrientes de puras aguas que cubren tus riveras y riachuelos filtrándome por el subsuelo de tu mente.

Acerco mis labios a tu suave mejilla y, quedo extasiada escuchando la melodía de tu húmedo aliento, que perfuma cada poro de mi piel con aromas desconocidos de los frutos de tu mágico mes de ensueño, te degusto con el sabor del pensamiento. Sigue embaucándome tu sopor…mí amado Junio Ardiente.

El anaranjado manto sedoso y vaporoso del atardecer de tu vestido adivina el contoneo de tus insinuantes formas silenciosas, que recobran vida especialmente en las fugaces noches de verano, para agasajarme del placer sin pudor recreado y con toda su grandeza culminado.

Pliegues caprichosos como montículos montañosos dibujan juguetonas formas que quiebran la aparente quietud de tu adormecer, un constante movimiento inerte resopla contra mi faz al observarte. Me muevo sobre las puntas de los dedos de tu pie apoyado bajo el cruce gracioso de tus piernas, delicada maniobra de tu ardiente cuerpo en consonancia con la serenidad de tu bello rostro.

Galopo por el sendero de tu interminable cabellera, del color térreo de las fértiles y frondosas tierras, donde cabalgan y reposan los profundos secretos de las estaciones, con sus lluvias, sus siembras y los brotes acaecidos en jugosos frutos.
Unas delicadas adelfas custodian tu onírica cabecera, seducida entre sus flores y aromas se despierta la magia de tu tiempo que al mirarte hago mío, quedo ardiente llena de tu fuego.

17/6/09

EL DESLIZ DE MERCEDES

¡Por favor, deje de masticar el chicle un momento, mientras controlo sus tonos cardíacos” -dijo Mercedes con voz suave.

La joven le lanzó una mirada de asco, a la par que le estalló un globo de chicle cerca de su oído; Mercedes se contuvo mientras la auscultaba, ni siquiera se giró para mirarla, la ignoró por completo, primero porque estaba en su consulta médica y segundo porque tenía miedo.


Mercedes

Era una mujer muy fuerte y triste, su vida había sido un padecer de sufrimientos y sacrificios desde que se enamoró con 16 años de Ramón, un chico del barrio con mala fama; el típico golfillo de poca monta que ni estudiaba ni trabajaba y, sobrevivía como toda su familia de hurtos y trapicheos de contrabando; se le apodaba el Paul Newman, por su gran parecido con el actor norteamericano y su especial encanto.

Mercedes era la segunda de cinco hermanos después de Antonio que era dos años mayor que ella, eran hijos de una modesta costurera viuda que trabajaba de sol a sol para poder sacar adelante a tantos hijos sola. Mercedes era una adolescente responsable que resaltaba por su dulzura, inocencia y madurez, cuidaba de su casa y de la familia como una madre y destacaba por ser una excelente estudiante; sus profesores se sentían orgullosos de tenerla como alumna y le vaticinaban un futuro universitario prometedor.

Una tarde fría de otoño que Mercedes regresaba de estudiar en la biblioteca, el destino caprichoso jugó un papel fatídico en la vida de Mercedes, su inocente mirada se cruzó en el camino del adonis de Ramón. El idilio entre los jóvenes fue fulminante y secreto, Mercedes no tardó mucho en sucumbir a las quimeras de éste, que la conquistó sin escrúpulos hasta dejarla embarazada en menos de tres meses.

Aquello, marcó un antes y un después en la vida de la joven, por lo pronto hubo de marchar a casa de Ramón, porque en su hogar no había sitio ni tan siquiera para hacer un hueco al futuro bebé.

La familia de Ramón la acogió con los brazos abiertos, pero a su manera, sin remilgos y con excesiva confianza; ella tardó tiempo en acostumbrarse, tanto a las palabrotas y malas formas del patriarca y los tres hermanos de éste, como a los ensordecedores gritos que inundaban la casa a todas horas, en bocas de la madre y una cuñada. La vulgaridad y la falta de educación era un constante en aquella casa desordenada, abandonada y sórdida y,
Mercedes muy pronto comenzó a saborear el sentimiento de angustia por la pérdida del calor de un hogar.

Los estudios de Mercedes transcurrieron de la mano de su embarazo y, a pesar de las propias molestias e incomodidades de su gestación, acabó el curso de 3º de bachillerato como de costumbre, con excelentes notas. En casa de Ramón se la apodó con sorna e envidia La lumbreras.

El 11 de julio, con la misma facilidad y soltura que un fruto maduro se descuelga de su rama, nació su hija Graciela, era un ángel con unos ojos azules de impresión y, un imán que atraía por su hermosura como su padre.

Mercedes con la ayuda económica de su madre acabó sus estudios secundarios e ingresó en la Universidad de Medicina, Graciela se criaba mientras tanto bajo la tutela exclusiva de la abuela paterna, tenía con tres añitos el mismo desparpajo que el de una señora de cincuenta años, era escandalosa su viveza y agudeza.

El día que Graciela cumplió cinco años, la policía pilló de madrugada a Ramón con sus hermanos robando jamones en un almacén de un pueblo de Toledo, aquello fue la gota que colmó el vaso de Mercedes, estaba harta de los continuos requerimientos judiciales de Ramón, del trasiego de objetos y personas de lo mas variopinto por la casa, de sus escarceos amorosos y, lo más doloroso y punzante, sus continuos insultos y amenazas.

Mercedes quedó sola en casa con la niña todo ese día y, aprovechando la situación decidió huir de una vez por todas; la idea le seducía hacía tiempo y deseaba con todas sus fuerzas olvidar y sacar de su vida a toda esa gentuza. No lo tenía nada fácil, sabía que con la niña sería imposible, la adoraban, y como un clan de gitanos que tarde o temprano encuentran a uno de los suyos, eran capaces de todo e incluso de atemorizar o vengarse con su familia.

Llena de coraje, marchó aquella misma tarde a casa de su madre con la niña, la pidió algo de dinero con la excusa de comprar unos libros muy importantes; besó a Graciela por última vez y desapareció.

Su huida fue un penar con tan solo 8.000 pesetas en los bolsillos; pero con ingenio y predisposición consiguió rápido un trabajo de camarera para el resto del verano en la costa levantina, los primeros meses fueron muy duros, aunque contó con la ayuda y el apoyo de su hermano Antonio que le adelantó algún dinero para pagarse una habitación en un piso que compartía con gente de la noche.

Su familia comprendió su huida y el hecho de verse obligada a dejar a Graciela en manos de la familia del padre, era su único salvoconducto para la libertad.

Tras el verano, consiguió trasladarse a Palma de Mallorca, allí se dedicó todo el año a buscar una estabilidad económica con trabajos al principio infravalorados y mal pagados, transcurrido el año aprobó por oposición una plaza de bibliotecaria, aquello le facilitó reanudar sus estudios de medicina y poco a poco se forjó una nueva vida y un futuro acorde con sus verdaderas pretensiones.

El tiempo pasó y jamás volvió a Zamora su ciudad de origen, hubo encuentros con su madre y familia en Palma de Mallorca, intentó hablar por teléfono con Graciela a lo largo de los años pero fue imposible, la colgaban el teléfono al escuchar su voz.

La familia de Mercedes siguió viendo a Graciela hasta que cumplió 11 años, en los que la niña empezó a negarse a verlos y les insultaba y amenazaba.

Mercedes a los 25 años consiguió finalizar sus estudios de medicina, tenía un trabajo estable y un futuro prometedor como médico, el siguiente reto se forjó con 30 años al lograr la especialidad en cardiología, y una plaza fija en un hospital público en Madrid.

Con 33 años había conseguido su estabilidad tanto profesional como emocional, tenía claro y sin remordimientos el precio y el sacrificio que había tenido que pagar por un desliz de juventud, quería a Graciela, pero sentía un ahogo a su recuerdo, sabía que la dejó ir de sus brazos de madre por no sentirla suya en el fondo de su ser, supo nada más nacer que había nacido a ellos, irritable, rebelde y agresiva.

Como de costumbre, Mercedes tomó el primer expediente de la bandeja de pacientes de la tarde, observó primero las anotaciones del médico de familia:
“Paciente que sufre desmayos ocasionales, especialmente al hacer esfuerzo. Dolor en el pecho que empeora con el ejercicio y desaparece con el reposo. Falta de aliento. Palpitaciones cardíacas (latidos irregulares) y Tos.”

No había duda para Mercedes, esta persona padecía de estenosis valvular aórtica, probablemente leve, no tenía gravedad y, tal vez solo precisase de revisiones periódicas sin tratamiento adicional.

Se alegró al pensar que era un caso fácil de tratar, de seguido quiso comprobar la edad y el sexo del paciente para reafirmar su diagnóstico. Buscó la ficha técnica que transcribía en primera línea los datos personales del paciente, en unos segundos quedó su mirada colgada del pasado, ante ella se encontraban unos datos irrefutables:
Nombre: Graciela Blanco López
Edad: 18 años
Fecha nacimiento: 11 de julio de 1982
Lugar: Zamora


El corazón se le arrugó como un papel que jamás recuperaría su textura primitiva, el destino de nuevo ponía a Mercedes al filo de un precipicio surgido sin prever de un camino largo, penoso y trillado a base de esfuerzo sobre esfuerzo, sintió que su horizonte solo lo había alcanzado con las yemas de sus dedos.

El nombre de Graciela rebotó por las paredes de la consulta al escuchar a la enfermera nombrarla, se apresuró a preguntarla si venía acompañada, la enfermera le contestó que no.

Mucho mejor, pensó. Sintió que el destino le daba otra oportunidad, no siendo probablemente reconocida.

Al entrar Graciela, descubrió a una joven de belleza descomunal, iba ataviada con ropa vulgar e insinuante que facilitaba la visión de enormes tatuajes de vivos colores por sus brazos y piernas; su tono de voz era voraz, tenía unos inmensos ojos azules envenenados por una especie de mirada desconfiada y dañina, era fría y provocadora.

El ahogo del recuerdo dio paso a un miedo aniquilador con la presencia de Graciela, su hija aparecía por arte de magia y se imponía en su presente con toda la fuerza de dieciocho pesados y fatigosos años. No la reconoció y Mercedes suspiró aliviada.

Al terminar la revisión le confirmó el diagnóstico sospechado, padecía de “estenosis valvular aórtica leve”, no conllevaba tratamiento salvo rutinarios controles, a priori semestrales.

Graciela la miró con prepotencia y desprecio, le irritaba la gente como ella, tan educada, suave y correcta, y le dijo:
Entonces que pasa, que tengo que volver a verla dentro de seis meses ¿para qué?, si dice que estoy bien – Dijo Graciela masticando el chicle con vehemencia.

Mercedes con una compostura fingida, le explicó que eran controles rutinarios y preventivos, para evitar en el futuro dolencias mayores.

Graciela hizo una mueca desafortunada de reproche, que molestó incluso a la enfermera presente.

Al finalizar la consulta Graciela se despidió con una sonrisa hiriente, la enfermera indignada comentó su malaeducación y desfachatez.

¿Donde se habrá criado ésta? – Dijo la enfermera molesta.

Mercedes, la contestó compungida –
No sabemos Elena las circunstancias de las personas y sus motivaciones, para ser o actuar de una manera determinada en la vida, créeme. Anda, coge su expediente y remítelo al centro de salud con esta nota.

En la nota de puño y letra de Mercedes, constaba lo siguiente:

Se remite este expediente de la paciente Graciela Blanco López al centro de salud de especialidades de la zona. Su patología de carácter leve no reviste gravedad alguna, por tanto, las revisiones prescriptas deben realizarse en lo sucesivo por su centro de salud primaria.
Atentamente,
Dra. Mercedes López de Castro.

Graciela, al salir de la consulta tomó el ascensor hasta el parking, allí la esperaba en un coche su abuela y su padre.

¿Qué... te ha dicho algo? – preguntó su padre.
Nada, no me ha dicho nada, solo me ha dado este papel, no tengo nada grave. – Lo extendió a la mano de su abuela.
¿Seguro que era ella? – preguntó la abuela con odio.
¡Sí, joder abuela, era ella y la muy puta ni se ha inmutado! – gritó Graciela.












15/6/09

CABALLOS DE HIERRO

En vuestro adiestramiento os enseñan

a galopar a un ritmo certero,
del largo camino hacéis un relajado sueño
y, del corto un excitante paseo,
vuestros ancestros no temían tampoco al sol, ni al viento,
con la edad del tiempo os forjáis más recios.
Vuestro destino destella junto el mío, el suyo y el de aquéllos,

por miles de vías del mundo cabalgamos suspendidos con historias,
penas y anhelos, eran caminos viejos que vosotros hacéis nuevos.
KATERINA

En la estación, el tren estaba listo y resoplaba como un caballo agitado a la espera. Ella, estoica y altanera, permanecía de pie enfundada en un elegante vestido añil. Serena, sostenía con gracia y equilibrio una sombrilla de encaje beige al paso de la muchedumbre por el andén. Cerca de ella cruzó el jefe de estación con su banderín; su corazón se estremeció lleno de sinsabores y desesperación, Sacha ya no la amaba y no había vuelta atrás. En pocos segundos el silbato sonó y con paso grácil y un escalofrío por todo su cuerpo se aferró a las vías. Al sol, sola y abierta quedó su sombrilla…

9/6/09

ULISES

La noticia desoló de inmediato a Roberto, según salían las palabras por la boca del ginecólogo éstas se apoderaban de los latidos de su corazón y, sentía una angustia indescriptible. Aurora le tomó la mano mientras seguía acariciando con su mano derecha su vientre, no podía tampoco hablar, el doctor hacía una disertación exhaustiva y con todo detalle de la situación, que no daba pie a pregunta alguna.

Al salir del hospital Aurora se puso a llorar tímidamente, en cambio Roberto estaba lleno de ira y dolor, un coche les pitó frenéticamente al cruzar la calle por donde pasaban con el semáforo en rojo, estaban aturdidos y absortos, pero eso no frenó el improperio que injustamente lanzó Roberto al conductor.

¡Serás cabrón y gilipollas!
- dijo Roberto
Te ruego te tranquilices, tenía él razón - comentó Aurora
Roberto fuera aún de sí respondió: -
Vale Aurora, no me toques las narices como siempre.
Aurora indignada le replicó - ¡Por Dios que te ocurre, madura y afrontemos esto!
El con determinación la contestó - Ya sabes cual era mi postura ante esta posibilidad.
Aurora con firmeza le dijo -
Olvídala, me niego aunque me cueste la vida.

Decidieron tomar un taxi hasta la casa de Roberto que estaba más próxima al hospital, buscaban a toda costa refugiarse en un lugar seguro como si de este modo el miedo y la preocupación quedase de puertas afuera. Al entrar Aurora descorrió los visillos del flamante ventanal del salón que daba a la puerta oeste del Parque del Retiro, le tranquilizaban esas vistas y la llenaban de estimulo. Roberto se había dejado caer tumbado en el sofá como un cuerpo muerto y, cubría sus ojos con el antebrazo temiendo la luz, estaba irascible y callado y, Aurora había aprendido después de cuatro años juntos sin convivencia no acercarse a él bajo estos estados de ánimo, el efecto podía ser ensordecedor.

Sintió una patadita en su vientre seguida de un fuerte movimiento, un primer instinto la atemorizó pero rápido reaccionó con la misma ilusión y esperanza que la primera vez que lo sintió dentro de su ser, los movimientos son siempre señales de vida, de vida nueva pensó. Se acercó a Roberto y se sentó a su lado, éste seguía en actitud de introspección, sin inmutarse ante ella.

A Aurora le embargó un sentimiento de soledad y desamparo, necesitaba los abrazos y el calor de las manos de Roberto, pero no lo consiguió, no estaba dispuesto a entregarse.

Ella llena siempre de generosidad le acarició el pelo y le beso la frente, éste no se movió ni un milímetro de su posición, era descorazonadora su actitud, así que con todo el dolor del alma Aurora tomó su bolso y se marchó.

En todo el día no recibió llamada alguna de Roberto, ni tampoco contestó a las llamadas de sus familiares y amigos preguntando por los resultados ginecológicos, no quería saber nada de nadie, su mundo se reducía a ellos tres exclusivamente.

Antes de acostarse decidió llamarle pero no hubo respuesta, se encontraba como abandonada y comenzó a llorar desoladamente, consiguió soltar todo lo contenido en el día, era horrible su congoja hasta que sintió de nuevo unas pataditas en su interior que llamaron la atención a su sufrimiento.

Perdón, perdón, mi vida, te he despertado tal vez… No te preocupes mi bebé, mamá ya está feliz y vamos a dormir ahora dulcemente, ¿vale?... dijo sosteniendo su vientre.

Puso una vinilo de nanas y se acomodó en la cama mientras comenzó a cantarle al bebé muy bajito. Notaba la paz de su hijo al tocarse y se acabaron durmiendo probablemente a la vez.

Sonó a las 12 de la noche el móvil y se despertó con sobresalto, las nanas centelleaban por la habitación.

¿Como te encuentras? – preguntó Roberto con voz seria y distante.
Mejor, me había quedado dormida – contestó Aurora
¿Mañana puedo verte temprano para hablar? – le preguntó él.
Cuando quieras, mañana no voy a ir al trabajo – contestó ella.
Te quiero mucho y no quiero que te suceda nada malo, ¿de acuerdo? – zanjó él.
Lo sé, pero no hay realmente riesgo para mi ya lo sabes – sentenció Aurora.
Ya, pero con el niño no hay esperanzas que valgan – dijo con rotundidad Roberto.

Aurora cortó la llamada instintivamente en seco, sin pensarlo, no podía concebir esas palabras estando su ser tan lleno de vida, se negaba a cualquier comentario de desesperanza. Se levantó de la cama y marchó a la habitación preparada para el bebé, cogió de un cajón de la mesita un bello álbum artesanal mexicano regalado por un amigo, lo tomó y marchó a su escritorio donde escribió lo siguiente:


A mi hijo Ulises

Mi pequeño ser que eres y serás por siempre toda mi vida, ahora me explico porque me encapriche tanto con tu nombre Ulises, ya hace meses Dios sabía cual sería tu gran Odisea en la vida, nacer con una serie de limitaciones que te impedirán ser digamos una persona normal, pero a mí hijo mío, eso me da igual, porque eres mío. Sé que no tendrás sufrimiento físico ni tampoco mental, eso me da mucha tranquilidad, tu mente será siempre virgen e inocente, que más puedo pedir sino tenerte hasta el día que me muera acompañándome niño mío, ves que egoísta en el fondo somos las madres.

Ulises, hijo de mi alma, quiero que sepas antes de nacer que es probable que no podamos correr por el campo ni tan siquiera caminar por la calle, pero no te preocupes, la vida nos ofrecerá miles de maratones que correremos de la mano de tu corazón, ese que llegará a todas partes; sé que tampoco podrás comprender jamás mis explicaciones de matemáticas, pero a cambio sentiré tu mirada atenta de vida resolviendo un problema con resultado de felicidad elevada a infinito, simplemente por tenerte.

Jamás podrás escribir un libro, pero con tu mundo de imaginación viviremos los mayores cuentos de ilusión escritos por nuestras almas, donde buscaremos como aventureros incesantes estrellas que iluminen la oscuridad de las noches cerradas.

Cuando nazcas te brindaré todos los colores y sabores de la vida, para que los pruebes y algún día elijas con tus sentidos más despiertos, a los que nos aferraremos para hacer caminos de fuerza y acierto.

Tesoro de mi alma, mi vida y existencia, hoy en este nuevo día te hago la promesa de que verás la luz del día, no te inquietes por nada, mis brazos te esperan abiertos con esperanza, para refugiarme en tu presencia, en tu rostro, en tus suspiros, en tu sonrisa, en lo simple y sencillo de ti que te hará único y diferente cada mañana.

Confío más que nunca en ti Dios mío, sabiendo que las limitaciones que compartiremos yo y mi hijo se convertirán en tus bendiciones, sé de la gratitud y compensación que me ofreces con Ulises.

Naceremos juntos a la vida y la descubriremos despacio y sin prisas, tenemos toda la eternidad. Ansío tu llegada, hijo mio.
11 de Febrero 2002



Despertó Aurora con la luz de la mañana y a su lado el álbum entre las sábanas, se incorporó sobre los almohadones y lo apoyó entre sus piernas y la panza y, en voz alta llamó a su hijo y leyó sus páginas, su mensaje se reafirmó con la misma ilusión del primer día que supo que estaba embarazada, la vida se multiplicaba…

No había opción alguna, jamás Aurora interrumpiría su embarazo, sola y callada le entregó su álbum a Roberto, éste al leerlo lo cerró con brusquedad y se levantó... sin mediar palabra alguna se marchó dando un portazo.

En ese mismo instante Aurora sintió una brusca patada en su vientre, en cambio ni se asustó, entendió que Ulises experimentó la emoción de la madre que apostaba por él.